¡Enganchados!

domingo, 31 de marzo de 2013

Antes de que salga el Sol (VIII)


Capítulo 8

Aunque aquella noche podría haber sido la más fría de toda su vida, la sangre que hervía con vehemencia por sus venas hacía que no sintiera ni el más mínimo atisbo de frigidez. Volaba con ímpetu, incluso rozando la desesperación. El rastro estaba desapareciendo, por lo tanto debía ir lo más rápido posible sin detenerse para no perder a su objetivo. Un poco más, un poco más…

-          Déjame salir.

¡No! Pensó en su fuero interno.

-          Si me dejaras, podrías atrapar en un pestañeo a esa mujer y encerrarla en algún lugar del que jamás pudiera escapar y siempre fuese tuya.

La batalla interna que Duncan estaba teniendo en ese momento con la maldición que había acarreado desde pequeño parecía haberse vuelto más y más fuerte con el transcurso de los años. ¡Maldición!

-          Vamos Duncan, no podrás tenerme siempre aquí encerrado.

-          ¡¡Eso porque lo dices tú!!

Y se detuvo al momento.

La fragancia de Ivett se sentía cerquísima de ese lugar. Cruzó lentamente con su vuelo un parque que ya se situaba a las afueras de la ciudad. ¿Dónde demonios estaría? Pero no le dio más tiempo a pensar ya que tuvo que volverse rápidamente para atrapar el machete que iba dirigido directamente hacia él. Al seguir con la mirada el trayecto del arma, vio uno de esos asquerosos Súndabar. Sin embargo, notó algo extraño en aquel en especial. Aunque su instinto le decía claramente que ya era uno de esos monstruos, sus ojos eran de un color miel y, normalmente, los Súrdabar solían tener los ojos completamente blancos o negros. Que extraño…

-          Bienvenido.

Eso sí que le sorprendió. ¿Un Súrdabar dando la bienvenida? Vaya chiste.

-          Lamento haberle lanzado el cuchillo, pero solo quería verificar de quien se trataba. Menos mal que ha llegado, le hemos estado esperando.

-          ¿Qué quieres de mí?

-          Por favor señor Duncan, sígame.

Era casi evidente que aquello iba a ser una trampa, pero aquel dulce olor que estaba buscando volvió a él y estaba en la dirección en la que aquel Súrdabar le estaba diciendo que fuera. Que extraño… ¿Qué hacía Ivett con ellos? Una de dos. Uno, o ella había decidido revelarse en su contra y se había puesto de parte de Deuce, o dos, alguien se la había llevado.

Miró a la figura que había intentado herirle hace un segundo y sonrió. Tiempo atrás, si uno de esos insectos le hubiera dicho lo que aquel le había pedido, lo habría matado sin pensárselo dos veces y habría seguido su camino. No obstante, aquella fría y oscura noche pareció cambiar algo en su interior. Sintió como si la adrenalina de su cuerpo estuviera aumentando por momento y pensó que sería mejor reservarse para más tarde. Muy bien esto va a ser más divertido de lo que creía, se dijo.

Así pues, devolvió la mirada a quien iba a ser su acompañante por un tiempo aquella noche. Sería el primero que no moriría en aquel instante, ni segundos después. No. Que se sintiera afortunado ya que había decidido aceptar su propuesta. A su forma de ver, un milagro había hecho que aquel extraño de ojos humanos y vivientes tuviera la suerte de mantener su vida a salvo… por el momento.

-          Está bien, pero te aviso. Si te acercas más de un metro de mí, te mato.

Y con un gesto de afirmación, Duncan comenzó a seguirlo, sabiendo que la mujer a la que iba buscando se encontraba a escasos metros de él.