¡Enganchados!

lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad :D!

Ouh, Ouh, Ouh... ¡Feliz Navidad a todos!

Típica frase de Papá Noel, ¿verdad?

Madre mía chicos, ¡ya es Navidad! Hace apenas unos días estábamos tomando el sol en la playa disfrutando del sonido de las olas del mar, o nos encontrábamos en el campo donde pasábamos la mayoría de nuestro tiempo metidos en la piscina, ¿a que sí?

Pues el tiempo pasa como pasan las cosas y estación tras estación todo cambia. Ahora es temporada de fresquito, de estufas, chimeneas, bufandas, guantes, gorritos y todo lo necesario para que estemos calentitos, ¿cierto?

¿Y sabéis que es lo mejor? ¡Que dentro de unos días será el segundo aniversario de mi blog! Madre mía, como pasa el tiempo de rápido... Me recuerdo a mí misma metiéndome en Internet y pulsando el botón que me daba acceso a crear un blog y poder compartir con todos vosotros mis historias. Hace dos años... Me siento como si hubiera crecido un poco más jeje. Al principio, nadie solía entrar a mi blog. Era un lugar sin fama, ni prestigio. Además yo carecía del tiempo necesario para mantenerlo día a día (ahora he vuelto un poco a esa etapa pero tengo una escusa: ESTE AÑO ME PREPARO PARA LA SELECTIVIDAD... osea que entro a la Universidad el año que viene si apruebo los exámenes y casi no tengo tiempo para nada) y por lo tanto era un sitio poco atractivo a la vista de los demás. Sin embargo, creo que fue cosa de hace un año que decidí retomarlo con más ganas que nunca. Poco a poco, este blog fue creciendo. Modifiqué paso a paso todo lo que iba aprendiendo gracias a Internet y a amigos que tienen otros blogs. A todas esas personas, gracias. Fui escribiendo más y más y, por lo visto, todo esto dio sus frutos. Pasé de tener 0 seguidores a tener actualmente 28. Sé que no es una gran cantidad, pero con saber que hay gente que lee mis escritos y disfruta con ello es más que suficiente para mí. Muchísimas gracias a todos mis Enganchados y os deseo una Feliz Navidad.

Un beso de hielo,

M y M.




domingo, 23 de diciembre de 2012

Antes de que salga el Sol (VI.I)


El sonido de un leve golpe contra la puerta la sacó de sus sueños.

-          Ivett, ¿estás ahí?

Mery entró en el cuarto y se aproximó a ella.

-          ¿Ocurre algo?

-          Duncan me ha mandado buscarte.

-          ¿Duncan?- El nombre de aquel ser la estremecía por dentro de una forma inquietante- ¿Qué es lo que quiere?

-          No tengo ni idea, pero supongo que debe de ser algo importante. Me ha dicho que te vistas con algo ligero y cómodo y que vayas al jardín principal.

-          ¿El jardín principal?

Lo cierto es que no conocía mucho aquel lugar y tampoco se había tomado el tiempo para averiguar todos y cada uno de los escondrijos de la mansión.

-          Vístete. La ropa la puedes coger del armario que tienes a tu lado. Cuando acabes yo te conduciré hasta allí. Venga, rápido. Parecía que Duncan tenía prisa en que llegaras cuanto antes.

Se levantó de la cama y se dirigió al armario. Se puso unas mallas negras y una camiseta ancha de color rojo, en conjunto con unas converse. Al terminar, siguió los pasos de Mery hasta llegar a un amplio portón matizado con un tono cobrizo. La puerta se abrió casi al instante y dio a ver un enorme y espléndido jardín lleno de flores y plantas exóticas. Se adentraron en el interior y llegaron al punto céntrico donde Duncan apareció con un hermoso batido de sus rojizas alas.

-          Ya era hora. ¿Pensabas quedarte durmiendo todo el día?

Miró el reloj solo por mera curiosidad. Eran las doce de la mañana. Se extrañó ya que ella nunca había logrado dormir hasta esa hora debido a que sus pesadillas la solían acosar noche tras noche. ¿Cuál habría sido el motivo de que hubiera tenido un sueño tan placentero?

-          Lo siento, no me había percatado de la hora.

Duncan la miró un instante y desvió la vista. ¿Realmente no iba a decirle nada acerca de lo sucedido la noche anterior? ¿No iba a mostrar ninguna señal de interés hacia ella? Decidió que era mejor dejarlo pasar por el momento.

-          ¿Y bien? ¿Qué es lo que querías de mí?

-          Te he preparado un entrenamiento especial.

-          ¿Entrenamiento?

-          No podemos estar todo el día quietos esperando a que tus recuerdos vuelvan de la nada, así que he decidido realizar esta sesión para ver si por algún medio logras acordarte de algo.

Lo cierto es que era un buen plan. Él tenía razón en que no debía quedarse quieta y esperar a ver si sus recuerdos accedían a aparecer.

-          De acuerdo. ¿Qué es lo que has preparado?

-          Para comenzar, vamos a dar una vuelta.

-          ¿Una vuelta?

Y, en un abrir y cerrar de ojos, Duncan la tomó entre sus brazos y, desplegando sus alas, alzó el vuelo. La impresión del momento le obligó a cerrar los ojos y agarrarse a él en un intento de no caerse, aunque sabía perfectamente que él no la soltaría.

-          Ya puedes abrir los ojos.

Esas palabras la tranquilizaron lo suficiente y pudo volver a mirar a su alrededor. Dios… Por lo visto, en lo alto del jardín había una cúpula que daba al exterior y lo que vio la dejó fascinada. A pesar de que a su llegada solo había visto un lugar solitario y hostil, por lo visto, la zona de atrás de la mansión era un extenso y frondoso bosque poblado por cientos de especies vegetales y animales. Además, el cielo se había vuelto de un tono azul puro y las nubes habían desaparecido.

-          Madre mía…

-          ¿Te gusta?

La voz de Duncan le hizo volver a la realidad y recordó que aun se encontraba totalmente enganchada a él. Lo soltó poco a poco hasta quedar en la distancia apropiada en la que pudiera mantenerse sujeta para no caerse.

-          Es increíble. ¿Por qué la parte principal es tan contraria a esta?

-          Debemos ser cuidadosos. No queremos que ninguna persona inoportuna descubra nuestro refugio, por lo tanto hay que mantener una cierta apariencia para mantener alejados a los demás. Esta parte es únicamente accesible y visible a través de la cúpula por la que hemos salido, que solo puede pasarse volando.

-          Pero, ¿cómo lográis mantener todo esto?

Una risita se le escapó de su deliciosa boca y él se atrevió a mirarla finalmente a los ojos.

-          Supongo que tampoco recuerdas a Kiara. Su especialidad son las plantas. Tiene un don especial para cuidarlas y adora pasarse la mayoría del tiempo rodeada de ellas. Es también la curandera del clan y elabora las medicinas a través de brebajes procedentes de cultivos especiales que jamás muestra a nadie por miedo a que puedan hacer un mal uso de ellos. Lo cierto es que son muy efectivos y, aunque tiene un sabor tremendamente horrible, hace que las heridas muy profundas que nos podamos hacer sanen completamente.

-          Pero, ¿no se supones que os regeneráis vosotros solos?

-          El proceso de regeneración absorbe gran parte de nuestra energía, por eso, si la herida es leve logramos recuperarnos rápidamente, sin embargo, cuando la herida es más profunda, aunque podríamos sanarnos, acabaríamos exhaustos y no podríamos defendernos de casi ningún ataque. Por ese motivo, Kiara siempre nos da unos pequeños sobres con sus mezclas cuando vamos a luchar y si tenemos algún problema, un simple sorbo nos restaura casi completamente. La llaman “La Mano de la Diosa”. Ya debes entender el motivo.  

-          Es admirable. Ojalá yo tuviera un poder así.

-          Tú tienes otros poderes, lo que pasa es que aun no recuerdas como utilizarlos.

-          ¿En serio? ¿Qué clase de poderes poseo?

La sonrisa que se había dibujado en su rostro desapareció en aquel momento. Entonces volvió a apartar su mirada y descendió hasta el suelo.

-          ¿Ocurre algo?

-          No, nada. Por hoy ya hemos terminado. Mañana asegúrate de estar aquí a la misma hora, ¿de acuerdo? Puedes irte.

-          Pero…

-          ¡He dicho que te marches!

Sus ojos se habían vuelto de nuevo del color de la sangre y un aura oscura comenzaba a emanar alrededor de su cuerpo.

-          No pienso irme.

La seguridad se colocó en su mirada y no apartó la vista ni por un segundo de él. Parecía como una batalla interna entre ambos en la que ella no quería perder por nada del mundo.

-          Eso dijiste antes de abandonarme la última vez.

-          ¿Cómo?- La ira con al que Duncan la miraba la confundía- ¿A qué te refieres?

-          Si ni siquiera eres capaz de recordar quien eras, es imposible que entiendas de qué estoy hablando.

-          Pues si al menos me explicaras lo que ocurre podría entender lo que pasa.

-          Esto es lo que ocurre.

Y en un leve pestañeo, se colocó a su lado y la besó de manera efusiva. Otra vez no. Ella no podía dejar que él hiciera siempre lo que le viniera en gana, pero cuando trató de apartarlo, unas robustas manos le impidieron el movimiento. Sin embargo, ella no pensaba quedarse allí parada, así que tomando valor, le mordió el labio con rabia. Ante aquel acto, Duncan se separó al instante y ella logró escabullirse de su fuerza.

-          ¿Por qué? ¿Por qué siempre haces esto? Actúas como si no te importara y como si no fuera nadie para ti, pero en el momento menos esperado te abalanzas y me besas de esta forma. ¿Qué demonios tengo que pensar? No me acuerdo de ti por mucho que me esfuerce, pero algo en mi interior no quiere separarse de ti. ¿Alguien puede explicarme que me está ocurriendo?

Entonces, una luz blanquecina apareció de la nada y la envolvió como un cálido manto. Aquello le traía recuerdos. ¿Alexandra?

-          Exacto.

Justo enfrente de ella, su propio reflejo volvió a aparecer. Era ella misma de nuevo, con ese camisón del color de la nieve.

-          Estás aquí de nuevo, ¿por qué te marchaste la última vez?

-          Aun no es el momento.

-          ¿El momento? ¿El momento de qué?

-          Aun no puedes recuperar tu pasado.

-          ¿Cómo? ¿Mi pasado? ¡¿Por qué?!

-          ¡Ivett!- La voz de Duncan…

Y el manto blanquecino desapareció.

-          ¡Ivett! ¡Ivett! ¿Estás bien?

Por lo visto, se encontraba de nuevo entre sus brazos.

-          Sí… ¿Qué ha ocurrido?

-          Te has vuelto a desmayar, pero esta vez… Estabas hablando con alguien. ¿Qué has soñado Ivett?

Unas lágrimas comenzaron a rodar por sus rosadas mejillas y no se sintió con fuerza para detenerlas. Salían de una en una con fuerza, como si quisieran huir de ella misma.

-          ¿Ivett? ¿Por qué lloras?

-          No puedo…- Apenas fue un susurro.

-          ¿Qué? No te escucho.

-          No puedo… No puedo acordarme de ti.

-          ¿Cómo? ¿Por qué dices eso?

-          Alexandra me lo ha dicho. Yo aun no puedo recuperar mis recuerdos y por ello… No puedo acordarme de quien eres… Lo siento. Lo siento…

Se tapó la cara en un intento esperanzado de que él no la viera llorar más. No quería que viera su lado débil. No quería que él pensara que era frágil. No quería que él se alejara de ella para siempre. No quería… No quería que él la odiara. Sin embargo, una mano gentil se posó sobré su cabeza y comenzó a acariciarla tiernamente. Aquello la obligó a expulsar todas y cada una de las lágrimas y penas que su interior contenía. Lo abrazó con cariño y una especie de sentimiento que renació de algún lugar que había olvidado. Renació de su pasado. De aquel sitio al que aun no podía acceder. Aun no lograría acordarse de él, pero haría lo que estuviera en su mano para conseguirlo. Mientras él estuviera a su lado, sentía que podía mantenerse fuerte en cualquier momento. Él era su fuente de energía, era su templo más sagrado.




lunes, 10 de diciembre de 2012

¡Nuevo libro de la semana!



Donde esté mi corazón



Antes de que salga el Sol (VI)


¡Hola a todos! Después de tanto tiempo (y de terminar casi todos mis exámenes) he logrado ponerme de nuevo y escribir otra vez. Aquí os traigo un nuevo capítulo de Antes de que Salga el Sol. Espero que os guste y disfrutéis mucho o incluso más de lo que disfruté yo escribiéndolo. Además, dentro de poco haré un viaje a Italia por lo que estaré ausente otra semana :) Siento no poder escribir, peor os prometo que haré un reportaje y lo subiré mientras os cuento todas las anécdotas que logre sacar :D 

Un feroz abrazo,

M y M.


Capítulo 6


Sus ojos se habían cerrado sin darse cuenta y la imagen de aquel ángel tocándola sensualmente le había hecho abrirlos apresuradamente. Maldita sea… Ni ella misma comprendía por qué diablos había hecho aquello. Me estoy volviendo loca. Ese pensamiento no se alejaba de su cabeza y había comenzado a creer que era cierto. ¿Cómo se había dejado seducir tan fácilmente y se había metido en la cama de ese hombre sin preocuparse absolutamente de nada? Joder… ¡No hacía ni tres días que lo conocía! O eso creía ella…
De repente, un fría húmedo entró por la ventana helándole todas y cada una de las partes de su cuerpo. Además de ella, parecía que el tiempo también había enloquecido de un momento a otro. Se levantó del cómodo y precioso sillón de un tono dorado y se dirigió a la amplia ventana, que daba a un balcón con vistas a las etéreas luces de la ciudad, para cerrarla.
Se colocó justo al lado de esta, pero no pudo moverla del sitio. No, porque un ser de unas alas más oscuras que la noche, estaba sentado en la barandilla mirándola intensamente con unos ojos tan negros que llegó a pensar que iba a ser absorbida por ellos. A pesar de eso, tenía un cabello del color de la nieve que contrastaba de una forma deslumbrante y le daba un toque de lo más cautivador. ¿Quién era aquel ser tan fascinante? Salió al exterior y no pudo evitar que sus pies dieran unos ansiosos pasos en su dirección.

-          Hola Alexandra.

¿Cómo? ¿Alexandra? ¿Por qué demonios la conocía y la había llamado por ese nombre? Sin embargo, a pesar de no recordarle, después de lo que había vivido pensó que tampoco era nada extraño. Seguramente sería alguien a quien habría olvidado, tal y como le habían dicho.

-          ¿Hola?- Su voz, a pesar de lo que pensaba, denotaba cierto tono de desconfianza, como si no quisiera ejecutar las órdenes que su cerebro le enviaba- ¿Quién eres?

Los ojos de aquel hombre comenzaron a brillar con intensidad, como si un interés oculto y una diversión infantil hubieran despertado en su interior.

-          ¿No te acuerdas de mí?

Trató de concentrarse en su rostro, en sus rasgos. No. Si alguna vez hubiera conocido a un hombre tan sumamente atractivo y elegante, se acordaría. A pesar de eso, había algo en él que le era familiar, aunque no conseguía adivinar el qué.

-          Lo siento- ¿Por qué se disculpaba?- Olvidé todo lo relacionado con este mundo.

Sus labios se movieron ligeramente hasta formar una sonrisa arrebatadora y ella no pudo evitar morderse el labio inferior para no decir nada que no debiera.

-          ¿Por qué te muerdes el labio?

Y en un abrir y cerrar de ojos, aquel oscuro y a la vez brillante ángel voló de una forma perfecta en su dirección y colocó su dedo pulgar en el labio. Lo deslizó suavemente alrededor de su boca y luego le tomó del rostro en un gesto afectuoso.

-          ¿Quién eres…?

Notó como sus rasgos se aterciopelaban y la rozaban en una suave caricia con sabor a melocotón. Entonces se acercó y la besó delicadamente en la frente. Sus labios estaban fríos y un escalofrío recorrió su cuerpo, ¿o no habría sido solo el frescor? Se separó y la miró con un profundo matiz cariñoso, como si la conociera de hacía bastante tiempo.

-          ¡Oh, querida mía!- Sus palabras salían de él como melodías armónicas envueltas con un manto de paz, de tranquilidad- Si te lo dijera, querrías matarme.

¿Matarlo? ¿Ella? ¿Por qué habría de hacer tal cosa? Intentó indagar más a fondo en su mente, para lograr encuadrar muchas cosas que no comprendía. Para empezar, a pesar de que conocía a Duncan desde hacía apenas unos días, se sentía terriblemente atraída hacia él en todos los sentidos. En segundo lugar, ¿qué le pasaba al tal Igor con ella? Desde que la había visto por primera vez, sentía que cada vez que la miraba, la asesinaba sigilosamente con la mirada. También, su vida había sido una especie de mentira todo este tiempo y ella no recordaba absolutamente nada de su pasado. Y, encima, ahora aparecía este flamante e increíble hombre que la trataba como una princesa de cuento y no quería desvelar su identidad. Su curiosidad aumentaba por momentos y sentía la necesidad de alejarse de aquel hostil lugar al lado de aquel hombre misterioso y seductor. ¿Tan grave sería si lo hiciera? Sin embargo, la imagen de Duncan se plantó en su mente y le hizo retroceder ante esta acción. ¿De verdad el mero pensamiento de que él podría enfadarse la preocupaba?

-          Bueno querida Dröttningu, lamento anunciar que me tengo que marchar.

-          ¿Qué? ¿Te vas?

-          Sí preciosa, es el momento de mi despedida.

Y arrodillándose cual caballero de noble armadura, le tomó la mano y se la beso en un signo de despedida. Entonces, con un sutil movimiento de sus alas, se alejó de ella y ascendió al cielo.

-          ¡Espera!

Ante su inesperada llamada, el ángel de los cabellos nevados se giró hacia ella.

-          ¿Sí?

No podía quedarse allí, callada, si saber qué hacer, esperando que el tiempo le diera las respuestas que buscaba. No. Tenía que hacer algo y sentía que él podría ayudarla.

-          ¿Cuándo podré volver a verte?

Entonces la sonrisa que se dibujó en el rostro del ángel le dieron una sensación de que lo que estaba haciendo estaba mal y que no debía acercarse a él, pero quería respuestas y las quería lo más antes posible, así que decidió callar esa voz que le decía que no lo hiciera.

-          Podrás volver a verme cuando lo desees ya que tú y yo, Alexandra, estamos conectados.