¡Enganchados!

domingo, 23 de septiembre de 2012

¡¡4000 Visitas!!

Bueno, bueno, bueno... Cada vez subimos más y más y con mucha rapidez estas visitas, ¿eh? Pues esta entrada la voy a dedicar a todas aquellas personas que han hecho posible esto. Visitando, leyendo, actualizando, disfrutando... Mis deliciosos Enganchados, si estuviera con vosotros os daría un feroz abrazo.

También voy a recordar que cuando lleguemos a las 5000 visitas realizaré un evento en el que espero que participéis todos, ¿de acuerdo? :) No seáis impacientes y esperad por ello. Ya veréis de qué se trata.

Un saludo y besos mortales,

M y M.




Antes de que salga el Sol (V.I)

Capítulo 5.1


Fueron hasta un exótico hotel que desprendía el sabor de la pasión y la lujuria. Era puro sexo. La pelirroja se acercó al mostrador y pidió la llave del ático. El hombre parecía conocerla y le dio el objeto con una media sonrisa en sus labios. Subieron con cierto nerviosismo y el ascensor no ayudaba para nada a detenerlo. Él se dio cuenta de que aun no se habían mirado a los ojos desde que había decidido acompañar a aquella mujer que parecía morirse por sus huesos. Fijó sus ojos en ella. Tenía una extraña mueca en el rostro que le dio la sensación de que aquello no iba del todo bien. Su sexto sentido nunca le había fallado así que, ¿por qué hacerlo aquella vez? Sin embargo decidió esperar. Decidió aguardar a ver que o quien le estaba esperando arriba del todo.

El ascensor se detuvo y la pelirroja le cedió el paso primero (seguramente para cerciorarse de que no escapara del lugar). ¿De verdad una simple y débil humana creía que podría contra los poderes de un ángel? Pero claro… Todos los miembros de su clan tenían la increíble habilidad de esconder las alas para pasar desapercibidos ante la gente así que era difícil conocer si él era un ángel o no, aunque sabía que algunos de ellos conocían ciertas cosas acerca de su existencia, aunque no fuesen muchas.

Se paró justamente en frente de la puerta del ático y la pelirroja la abrió con las manos temblorosas. ¿Acaso temía algo? Bien… Parecía que aquella noche sería de lo más entretenida.

-          Pasa- Su voz daba a ver claramente que tenía algo sucio en mente- ¿Por qué no vas al salón?

Dicho y hecho. Tampoco estaba para muchas complicaciones. Se dirigió ante la puerta del salón y agudizó el oído. Había personas dentro y escuchó la conversación que estaban teniendo.

-          ¿Y dices que es un ángel? ¿Seguro que no me mientes?

-          Sí. El otro día lo vi volando en un bosque perdido a las afueras de Nueva York. Tenía las alas del color del fuego y era demasiado guapo como para ser real.

-          En fin… Nunca me he fiado de esas patrañas, pero si es cierto lo que dices nos haremos ricos.

Las plumas de los ángeles eran perseguidas por los humanos ambiciosos y ansiosos de poder. Estaban cegados por una barrera de codicia que siempre los llevaba al foso más oscuro y profundo que existía. Su muerte. Nunca había sentido lástima ni compasión ante aquellos que intentaban tocarle lo más mínimo. Lo único que había hecho era arrancarles su corazón de una forma rápida y eficaz, matándolos en el acto sin que tuvieran opción de contratacar.

-          ¿No vas a entrar?

Había olvidado por completo que la mujer seguía presente, así que le tendió su mano y le ofreció el paso.

-          Tú primero.

La joven pareció ponerse tensa, lo que le demostró definitivamente que no quería nada más que el dinero que le esperaba tras aquella puerta.

-          ¡Oh! No te preocupes. Yo iré primero al baño. Adelántate tú.

-          Si lo deseas.

Justo cuando ella desapareció, se situó enfrente de la sala y, cuando entró, las caras de los hombres reflejaron el terror que sentían al verlo aparecer. ¿O quizás no? No… Él se equivocaba. El miedo que vio en sus ojos fue el que uno teme cuando la muerte le susurra en el oído. El tipo de turbación que solo se siente cuando ves a un monstruo aparecer ante ti.




viernes, 21 de septiembre de 2012

Más allá de mis sueños (I.I)

Capítulo 1.1


     “Todo estaba negro. La penumbra se cernía sobre mí y no sabía donde estaba, ni a donde ir. A lo lejos, como apareciendo de la nada, surgió una luz. Fui acercándome hasta colocarme escasamente a tres o cuatro pasos de ella. Resultó que el brillo era una mujer, pero no una cualquiera. Tenía la elegancia y la belleza de una Diosa. Su pelo, rubio como el sol, hacía unos surcos preciosos convirtiéndose en rizos perfectos al final y sus reflejos dejaban ver un color cobrizo. Sus ojos eran de un azul grisáceo, como en un día de lluvia, que seguramente harían que cualquier hombre cayera rendido a sus pies. Su cuerpo era alto y esbelto y poseía unas curvas que incitaban a la locura. Era un ser imperial como la reina de un importante país.

     Pude observar como la joven se giraba y miraba hacia un punto en concreto. Entonces, de algún lugar remoto, apareció un niño. Era menudo, frágil, delicado como una flor. Estaba jugando con una pelota rosa y parecía divertirse mucho. Sin embargo, la pelota desapareció cuando la mujer le impidió el paso y esta se fue rodando. Levantó la vista y se miraron a los ojos. Los tenían del mismo color, y la única diferencia que atisbé fue su intenso y reluciente cabello. Lo tenía del color de la noche y resultaba tan excitante como peligroso. La chica, sin dar tiempo a que el muchacho reaccionara, lo cogió por el cuello y, tras unos angustiosos instantes, lo mató. Era una escena horrible, sucia, llena de dolor y sufrimiento. De sus luceros comenzaron a emanar delicados pedazos de cristal, que salían con tanta fuerza, que le llegaron a sangrar. ¿Qué demonios era todo aquello?

     De nuevo, ella se puso recta y en la misma pose imperial de antes y esta vez se giró hacia otro lado… O bien había alguien detrás de mí, o me estaba mirando a mí. En un súbito ataque de pánico, me di la vuelta y salí corriendo como pies que lleva el diablo, pero ella era más veloz. Al poco tiempo de la huida, me agarró del brazo y me paró en seco. Cerré los ojos en un estúpido intento de pensar que no me haría daño. Pareció que Dios me había escuchado, ya que no percibí ni el más mínimo golpe por su parte. Entreabrí un ojo y ella me escrutaba con ojos destrozados, como si lo que había hecho hubiera sido sin querer. Y me dijo:

-          Guarda mi secreto.

     Y desperté con la respiración entrecortada y los latidos del corazón a cien por hora.”




domingo, 16 de septiembre de 2012

Amores y Líos de una Adolescente (I.I)


Primer Amor
(Parte 1)

09 de Agosto de 2012.

Aunque esta relación comenzó el 9 de Agosto, todo había empezado mucho tiempo atrás. El chico en cuestión se llama Jorge y lo conocí por primera vez trabajando como voluntaria en un lugar de mi ciudad. Sin embargo, aunque me di cuenta perfectamente de que yo le gustaba, yo ya tenía a alguien por esos tiempos (historias que no entra al caso). A pesar de eso, él me gustaba, pero nunca me a gustado el tema de estar con muchos chicos a la vez. Pues bien. Él fue a la primera persona que conocí en el voluntariado y lo cierto es que fue con quien más confianza cogí y con quien mejor lo pasé, desde comer juntos todos los días, hasta que por las noches al terminar me hiciera tiernas caricias en las piernas. Sin embargo, cuando acabó el trabajo casi no volvimos a tener relación debido a que no vamos al mismo instituto, ni que tampoco salíamos con la misma gente.

Cerca de Abril (fecha próxima a mi cumpleaños), cuando ya había terminado con el chico con el que estaba anteriormente, él comenzó a enviarme wassap (mensajes a través de internet) diciéndome que me quería y que estaba locamente enamorado de mí. Sin embargo, yo para esas cosas soy muy desconfiada y pensando que todo podría ser una broma, le dije que si realmente me amaba que me lo dijera personalmente. A pesar de eso, no nos volvimos a ver y, por consiguiente, dejé el tema zanjado.

Ahora, después de la introducción inicial, es cuando vamos a la fecha en la que todo comenzó. Las casualidades de la vida son increíbles y nos pueden pillar por sorpresa. 

Un día cualquiera del verano, resultaba que me sentía terriblemente aburrida y tenía unas ganas inmensas de que empezara el instituto (sé que estoy loca, pero no me juzguéis). Mi madre, me aconsejó que pusiera un SOS en el Tuenti (página web social similar a Facebook) en la que pidiera a la gente que me ofrecieran algo que hacer. A través de ello, él me envió un mensaje diciéndome que estaba dispuesto a venir a verme (contando con que su playa estaba al lado de la mía). Entonces, esa misma tarde se acercó y la pasamos juntos. Nos tomamos un granizado, dimos varios paseos y nos bañamos en la playa (ocasión en la que se puso cariñoso). Al final del día, nos despedimos y me prometió volver a verme. Supe en ese instante que él quería más y que la próxima vez que nos viéramos sería para “algo más”. Así, esa noche estuvimos mandándonos cientos de mensajes al móvil y me dijo directamente lo que sentía. Noté como me daba un vuelco el corazón, ya que fue demasiado directo, pero decidí que siendo tan tímida no llegaba a ningún lado. Y, tras mucho tiempo hablando con él, bloqueé el móvil y me fui a dormir.

11 de Agosto de 2012

Era ya el segundo día que íbamos a vernos y se notaba que él estaba encantado con ello. Quedamos para vernos por la noche, ya que nos era imposible a los dos vernos por la tarde. Sobre las once de la noche, llegó al punto en el que habíamos quedado muy bien arreglado. Llevaba puestos sus mejores pantalones vaqueros (aquellos que tanto le gustan) y la mejor camiseta que tenía. Los pantalones eran largos, así que seguramente pasó un calor de mil demonios y, la verdad, me hizo bastante gracia que se los pusiera con las temperaturas que hacía en verano. Yo también me puse guapa para la ocasión, así que me vestí con el conjunto nuevo que me había comprado (una camiseta blanca con una falda negra de encaje). Estuvimos caminando por el paseo marítimo y cuando llegamos al final, llamé a mi mejor amiga María ya que aquella noche teníamos una fiesta y quería saber el lugar y la hora. Mientras estuve hablando con ella, Jorge aprovechó el momento para rodear mi cintura con sus brazos y acercarme hacia él. Comenzó a darme dulces besos en el cuello mientras yo seguía charlando con María. Si no me equivoco, fue la primera vez que sentí ardores en zonas donde antes no había sentido, así que no pude evitar cortar la conversación rápidamente y mirar directamente a Jorge a los ojos.

-          ¿Te diviertes?- Mi pregunta fue retórica, claro.

-          Mucho- Una sonrisa picarona apareció en su rostro, cosa que demostraba claramente en lo que estaba esperando a hacer.

-          ¿En serio?

Nuestros rostros empezaron a acercarse cada vez más y más hasta que estuvieron lo bastante cerca para que sus labios impactaran contra los míos. Fue un beso ardiente, lleno de pasión y lujuria. Hasta ahora, el mejor que me han dado en mi vida (a pesar de haber besado a otros diez chicos más). Estuvimos un buen rato achuchándonos hasta que me acordé de la fiesta y tuve que separarme para ir en busca de mis amigos.

-          ¿Vamos?- Mi cara reflejaba deseo en aquel momento, pero sabía que no podía estar así toda la noche.

-          De acuerdo- Sus ojos me recorrían de arriba abajo una y otra vez sin detenerse, hasta que llegué a pensar que me estaba desnudando con la mirada.

Fuimos a por mis amigos y después no marchamos al final del paseo marítimo, donde hicimos la fiesta. Aquella noche no bebí mucho, ya que estaba más pendiente de “otra cosa”. No paramos de mirarnos ni un momento y, ya que no quería que nadie nos viera y nos jodiera, nos levantamos y nos alejamos del grupo. Al poco rato de andar, nos paramos en un punto situado al lado del mar. El sonido de las olas daba un ambiente muy romántico y nuestros cuerpos se volvieron a juntar.

-          ¿Te han caído bien mis amigos?

-          Sí. María y Yoli son buenas chicas. Se nota que sois buenas amigas y que las quieres.

-          Bueno… Ellas no son lo único que quiero en este momento.

-          ¿A no?- Otra vez aquella sonrisa- ¿Y qué es esa otra cosa?

-          Tú- A veces puedo llegar a ser muy directa yo también.

Dicho aquello, nuestros labios se volvieron a encontrar y volvieron a fundirse con besos ardientes. La llama que se había encendido era difícil de apagar y no pudo hacer más que dirigir su boca al lóbulo de mi oreja izquierda (justo la oreja que llevaba un pendiente que él me había intercambiado tiempo atrás). Pude oír su respiración agitada y sus manos se apoyaron con astucia en mis nalgas, cosa que hizo que me levantase escasos centímetros del suelo. De nuevo y con la misma furia del comienzo, volvieron a aparecer aquellos besos desgarradores y salvajes. Esta vez, su lengua se atrevió a atravesar mi barrera y chocó contra la mía, uniéndose las dos en una. Fueron momentos intensos en los que fui incapaz de parar, como si estuviera tomando la más adictiva de las drogas. Sin embargo, todo tiene su fin y al rato, nuestros rostros volvieron a separarse y decidimos volver con el grupo, pero esta vez cogidos de la mano. Por lo cual, cuando mis amigas divisaron aquel enlace comenzaron a dar gritos de euforia y felicidad.

-          Que vergüenza- Su voz declaraba nervios.

-          ¿Por qué?

-          Porque ya estarán hablando del nuevo novio de Mariola.

Mierda. En ese momento fue cuando pensé que yo no lo veía de aquel modo. ¿Con tan solo habernos visto un par de veces y ya me considera su novia? No lo veía una buena idea, pero decidí mantener la boca cerrado ante eso.

Y, una vez se hicieron las dos de la noche, me despedí de él con un dulce beso y se marchó a su casa.




jueves, 13 de septiembre de 2012

¡¡Nueva Sección!!

Hola de nuevo queridos y queridas visitantes. ¿Os está gustando cada vez más y más el blog? Pues bien. Todos sabemos que la euforia siempre es más fuerte cuando hay más cosas interesantes que nos hagan vivir al máximo. En este caso, no hay nada mejor que crear una nueva sección en la que la gente pueda divertirse y pasárselo en grande. 

El caso es que hace un tiempo que lo estuve pensando y, después de hablar con una persona muy importante para mí (M y M son dos personas, aunque la única que lleve este blog sea yo, ¿os suena?), he decidido crear una nueva trama que tenga mucha animación y entretenimiento. La única diferencia va a ser que esta vez no se tratará de la típica historia inventada que escribo a partir de un sueño o una inspiración. No. Esta vez os voy a sumergir en el mundo de MI VIDA. Sé que también tengo otra parte en la que os contaba historias de cuando era pequeña bla, bla, bla... Pero esta vez se tratará de algo mucho más emocionante. Esta vez os voy a contar las ciento y una historias de mis romances, ligues, líos de una noche... Esta nueva sección va a tratar de mis amores y desamores. Puede que os resulte algo extraño y penséis:

- "Seguro que se inventará cualquier chorrada cada vez que se quede sin ideas y no tenga ninguna inspiración al escribir."

¡Pues no! Os equivocáis. Esto no es ninguna broma y prometo seros fiel hasta el final. En esta entrada no subiré nada por el momento, pero solo es cuestión de tiempo. Además, haré un pequeño adelanto para aquellos que ya sientan curiosidad. La nueva sección se llamará:

" Amores y Líos de una Adolescente"

Saludos y mil mordiscos,

M y M.




lunes, 10 de septiembre de 2012

Antes de que salga el Sol (V)

Capítulo 5


Nunca había acabado de comprender la extraña sensación que recorría su cuerpo cuando sus manos agarraban las cabezas de aquellos asquerosos Súrdavar y las separaban de sus cuerpos sin apenas un ápice de piedad. Los alaridos y gritos que daban no eran más que simples melodías para sus oídos, y cuando trataban de resistirse más de lo normal sacaba su navaja y les rebanaba el cuello en menos de un segundo.

Ese siempre había sido su trabajo. Destruir a todos aquellos que significaran un peligro para su clan. Él era el jefe y tenía la obligación de hacerlo. Hasta ahora había logrado estar donde estaba gracias a la facilidad y frialdad que había demostrado para ganar en todas y cada una de las batallas que habían tenido durante tantos años. Sangre, llantos, muertes, peleas, perder lo que te importa… Había llegado a ver tantas escenas violentas y tristes que ya nada malo o sanguinario que ocurriera le sorprendía. Había aprendido a vivir con el peso de la muerte. Sabía que no debía depender de nadie y que tenía que mantenerse lo más solo posible. Solo así conseguía permanecer a salvo y sobrevivir a cualquier amenaza que se interpusiera en su camino. Ya cometió un error en el pasado y jamás volvería a cometerlo. No después de que ella hubiera aparecido… ¡Rayos! Hasta en sus pensamientos más oscuros tenía que aparecer la contagiosa luz que aquella mujer transmitía. ¿Por qué? ¿Por qué no conseguía apartarla de su mente? Con todo lo que había pasado, había aprendido a alejarse de todo lo que le pudiera brindar un poco de debilidad. La debilidad hacia aquello que anhelas, hacia lo que realmente deseas. El tipo de debilidad que te hace humilde y te permite elaborar la serie de estupideces que los humanos pueden cometer. Humanos… Exacto. En toda su vida había mantenido la fuerte idea de que eran distintos. Ellos eran poderosos, inteligentes y estaban brindados por unos extraños dones que solamente su clan podía poseer. Los humanos eran débiles, mentirosos y siempre trataban de alcanzar sus metas fuesen cuales fueran los actos que tenían que cometer (por muy malos que se considerasen). ¿A caso eso era lo único que realmente los diferenciaba? ¿El deseo? ¿Las fuerzas que muchos encontraban con tan solo el deseo de querer proteger lo que más quieres? Sin embargo, con la energía sobrehumana con la que había sido bendecido podía vencer a todo aquel que se le pusiera delante, así que… ¿Por qué? ¿Por qué diablos sentía la necesidad de raptar a aquella chiquilla de ojos del mar y cabello del sol para aprisionarla en algún lugar en el que pudiera mantenerla siempre a salvo y solamente para él? Ese había sido el único pensamiento que había rondado su cabeza. Desde que la había visto por primera vez después de tanto tiempo…

Se negó a seguir con aquella idiotez y se dio una vuelta por el lugar más abarrotado de toda la ciudad. Seguro que si andaba por allí podría encontrar algo que le diera un poco de diversión. Justo… En el momento en el que pisó la entrada de un lujoso y moderno pub, una pelirroja despampanante lo miró con ojos devoradores y no tardó en colocarse al lado suyo.

-          ¿Estás solo esta noche, guapo?- El sonido de su voz daba a ver que había tomado unas copas de más- ¿Por qué no te vienes conmigo un rato?

-          ¿Sí? Y, ¿qué puedes ofrecerme que no pueda encontrar en otro sitio?

El poder de atracción que su raza tenía sobre el lado opuesto de los humanos siempre había sido muy efectivo y la pelirroja no tuvo vergüenza en admitir lo que esperaba.

-          Pues… Sinceramente, puedo llevarte a un encantador lugar en el que mi cuerpo y alma serán tuyos esta noche.

No pudo evitar sonreír con cierto cinismo ante la oferta tan abierta que le había dicho la chica.

-          Está bien- Dijo tomando con agilidad uno de los mechones rojizos de su pelo- ¿Qué lugar es ese?

Y, tras un vistazo rápido que se dieron mutuamente, la pelirroja le agarró de la mano y lo condujo casi con desesperación hacia una zona en la que pudieran estar solos y sin nadie que les molestara.




jueves, 6 de septiembre de 2012

El Diario de Laura Escobar (I.V)

Capítulo 3

     Al día siguiente, el cielo apareció nublado. Tenía pinta de que iba a llover, pero yo necesitaba buscar trabajo y salí fuera del hostal. Compré un periódico y leí la sección de trabajos. Fontanero, limpiadora, ingeniero, pintor, enfermera… Con mis estudios lo máximo que me podía permitir era limpiadora, pero no tenía ni idea respecto al asunto. Fui caminando por las calles sin rumbo alguno hasta que, de repente, comenzó a llover con fuerza. Salí corriendo y me metí debajo de una cafetería para resguardarme. Y de repente, lo vi. Un cartel de trabajo que buscaba camareras. Entré dentro y no me gustó lo que veía. El sitio estaba ocupado solo por viejos que jugaban y bebían sin parar. No me agradaba eso, pero no podía permitirme otra cosa. Me puse en la barra y pregunté por el jefe.
     Después de un buen rato esperando, por fin, apareció un hombre de aspecto cansado y enfermizo.
-         Dígame, ¿qué desea?
     Su voz era débil y sus movimientos torpes.
-         Pues he visto el cartel de que está buscando camarera, así que me preguntaba que tenía que hacer para trabajar aquí. ¿Tengo que rellenar algún papel o algo?
     Por supuesto, me había traído conmigo mis títulos de ESO y Bachiller. El hombre me observó de arriba abajo y contestó.
-         Si me enseña sus títulos y me rellena un formulario para su estancia, podrá empezar mañana.
-         ¿Nada más que eso? Me pensaba que tendría más solicitudes a pesar de la mía.
-         Ay, hija mía. Aquí no viene nadie joven desde hace veinte años, menos un joven que trabaja para mí porque es mi sobrino.
-         Bueno… Entonces aquí tiene mis títulos y deme ese formulario, por favor.

     El señor echó un vistazo a los papeles y me trajo el papel.
-         Rellene esto y empieza mañana. Encantado de trabajar con usted.
-         Igualmente. Le veo mañana.
     Salí de ahí y me encaminé al supermercado más próximo. La lluvia había cesado y el sol volvía a brillar, aunque no se veía mucho por los edificios que cubrían el terreno.
     Compré comida, bebida y lo suficiente para poder pasar un largo tiempo. De los quinientos euros que había traído me quedaban trescientos noventa. Con eso más el pago con el trabajo, podría vivir hasta conseguir un sitio mejor donde dormir. También, quería estudiar algo para no ser una simple camarera de un bar de ancianos alcohólicos. Así que, con el periódico que había comprado, busqué cursos baratos de estética, peluquería o algo dedicado al arte. Mi sueño siempre había sido ser profesora de música, pero con el escaso dinero que tenía, hasta que no encontrara un trabajo decente, no podría pagarme mis estudios.
     Dejé la compra en el cochambroso frigorífico que apenas funcionaba y bajé al salón central del edificio. Me senté en el sofá más decente que vi y me puse a leer el periódico. Para mi sorpresa, había una noticia en la que me nombraban:

     “Se busca a una joven que, por la información que nos han dado, ha desaparecido de casa sin razón alguna. Sus padres están muy preocupados y no se sabe nada de ella desde hace un par de días. Si alguien sabe de su paradero, que informe a la policía. Su nombre es Laura Escobar y tiene dieciocho años. Sus familiares le han dejado una petición:
-      Laura, donde quiera que estés, por favor, vuelve. Papá y yo te echamos de menos, así que vente para casa cariño.
Dejamos su foto expuesta para que la gente pueda reconocerla.
Gracias por su colaboración.”

     La foto que habían puesto era una que me había hecho para regalársela por su aniversario. Salía con un vestido blanco, muy bien arreglada y sentada en un banco con una margarita en la mano. Era un gesto de paz para ver si comprendían el dolor que estaba sintiendo y para que entendieran que lo mejor era solucionar sus problemas. Sin embargo, ellos lo tomaron como otro regalo más y lo colocaron en un rincón oscuro de la casa.
-         No padres. No pienso volver jamás.
     Hablé en voz alta sin darme cuenta y cerré el periódico en ese mismo instante. Al hacerlo me di cuenta de que alguien se había sentado al lado mía en el sofá. Era una muchacha de unos veinticinco años, de pelo negro azabache y ojos verdes profundos. Era alta y esbelta y parecía de otro país.
-         La del periódico eres tú, ¿no?
     Esa pregunta me dejó sin habla. Me habían pillado y no podía negarlo.
-         Si… ¿Vas a decir algo al respecto?
-         No, no me interesan tus asuntos. Son tus problemas.
     ¿Por qué preguntaba estupideces si luego me iba a soltar eso? Vaya tía más tonta.
-         Entonces, ¿por qué preguntas?
-         Porque me apetecía hacerlo.
-         Pues no es cosa tuya, ¿de acuerdo? Así que no digas nada.
-         Yo digo lo que me da la gana.
     Aquella chica me estaba poniendo de los nervios cada vez más.
-         Déjame en paz y vete a freír espárragos.
-         Lo siento, pero no se freír. ¿Me los fríes tú?
     Me tocaba las narices cada vez más.
-         Vamos a ver… ¿Cuál es tú problema?
-         No. La pregunta es, ¡¿cuál es tu problema?!
-         ¡¿Mi problema!? Vamos a ver tía. Mi problema eres tú así que, ¿por qué no te largas?
-         No, ¡por qué no te largas tú!
-         Porque yo vivo aquí y no eres nadie para decirme que tengo o que no tengo que hacer.
-         Sí que puedo.
-         ¿A si? ¿Quién eres? ¿La dueña? Vamos, vete a la mierda y déjame en paz.
-         Pues si mira, lo soy.
     Me quedé paralizada. La toca narices esta, ¿era la dueña? Pues sí que la tenía jodida.
-         Ah… Lo siento. No lo sabía.
-         Claro que no lo sabías, pero no pasa nada te perdono.
     Y encima, ¿ella me perdonaba a mí? Había que fastidiarse.
-         Es que llevo unos días pésimos y mi vida es una mierda.
-         Si te has escapado de casa es normal.
     Y encima tenía que aguantar sus ironías. Esto era lo peor.
-         Creo que lo mejor será que olvidemos esta conversación.
-         Si, será lo mejor.
-         Es que… Nada me va bien y no hay nada que mejore mis días.
-         Tranquila, yo estoy igual. Vivo en un sitio que da pena, no tengo un puto duro y ninguna relación que mejore mi humor. Por eso soy así. 
-         Te entiendo. La vida es un asco, ¿eh?
-         Y que lo digas.
     Tras un tiempo en silencio, la chica volvió a hablar.
-         Por cierto no me he presentado. Soy Caterina, aunque todos me llaman Cati.
-         Encantada Cati. Yo soy Laura, pero no tengo ningún apodo especial como el tuyo.
     Las dos nos reímos a la vez. Me estaba empezando a caer bien al final.
-         Y bueno… Te has escapado de casa, ¿no?
-         Pues como lo ves. Mis padres y yo teníamos muchas peleas y malos asuntos.
-         Bueno. Tú al menos tienes padres.
-         ¿Tus padres están muertos?
     La había cagado otra vez. Antes pasó con Daniel y ahora con Cati.
-         No, pero soy huérfana. Me abandonaros cuando era muy pequeña y, como nadie me adoptó, a los dieciocho salí y me busqué la vida como pude.
-         Y, ¿no sabes quienes son ellos?
-         No, ni me interesa. Si me han abandonado es porque no tenían los cojones de cuidar de mí por mucho que les costara y a mí esa gente no me gusta, pero tranquila. Yo me sé buscar las cosas por mí misma y arreglármelas sola.
-         Pues eres muy fuerte, porque yo estoy en una etapa en la que todo me sale mal. Bueno… Una etapa que llevo toda la vida viviendo.
-         Y, ¿qué te ha traído a Madrid? Exactamente a aquí.
-         Cuando me marché de casa cogí el primer tren que pude sin mirar ni oír ni siquiera el nombre de las paradas. Sencillamente me dejé llevar hasta el final y me daba igual donde parara. A pesar de eso, ya había buscado unos lugares donde alojarme que fueran baratos y este era uno de ellos.
-         Así que te daba igual donde acabar mientras te alejaras de tu casa, ¿eh? Es una idea extraña, pero vamos… Tú haces lo que quieras. Que sepas que puedes quedarte todo el tiempo que quieras aquí, ¿de acuerdo? ¿vas mal de dinero o algo?
-         Bueno, voy tirando. Puedo pagar la estancia y he encontrado un trabajo como camarera en una cafetería llamada… Creo que era “El Centro del Café”.
-         ¿El Centro del Café? Joder, te has buscado un lugar malo para trabajar.
-         ¿Y eso?
-         Porque según tengo oído, allí solo van viejos alcohólicos y el jefe es un pervertido. Pero no me hagas caso porque nunca he trabajado ahí.
-         Lo de los viejos no te lo desmiento, pero lo del jefe… No tenía pinta de eso. Es más, parecía débil y cansado. Además me ha contratado a la primera así que pienso que no es mala persona.
-         A lo mejor eso es mentira… Bueno es igual. Una cosa, ¿conoces ya los sitios de Madrid? Si quieres, puedo enseñarte la ciudad. ¿Mañana te viene bien?
-         La verdad es que mañana empiezo el trabajo.
-         Y, ¿cuándo tienes un día libre?
-         Los fines de semana no trabajo. Solo de Lunes a Viernes.
-         Si te apetece, ¿quieres venirte conmigo de fiesta?
-         ¿De fiesta? Pero no tengo ropa para salir.
-         ¡No te preocupes por eso! Yo puedo prestarte algo. ¿Cuántos años tienes?
-         Dieciocho, ¿y tú?
-         Yo tengo veintinueve años, pero la gente siempre piensa que soy más joven.
-         Pues la verdad es que sí que lo parece pero,  ¿con esa edad ya tienes un hotel?
-         No es un hotel. Esto antes era un edificio en ruinas y me costó muy poco comprarlo. Tuve suerte la verdad, porque aquí en Madrid las cosas están muy caras.
-         Pues sí. En fin… Entonces, ¿nos vemos el viernes para salir?
-         De acuerdo. Te enseñaré el centro y nos iremos a beber un poco.
     Miré el reloj y vi, con sorpresa, que ya había pasado el tiempo rápido y se me había hecho tarde.
-         Me voy a mi habitación que tengo que dormir para mañana. Hasta el viernes Cati.
-         Hasta el viernes Laura y que te vaya bien en el curro.
     Sonreí y asentí con la cabeza. Subí las escaleras, entré en mi cuarto y caí en la cama rendida del cansancio.

     El sonido del despertador me hizo abrir los ojos que tenía pegados por las legañas. Me metí en el baño y me lavé la cara a fondo con el agua congelada. Para desayunar, me tomé unas tostadas del pan que había sobrado ayer y les puse un poco de mermelada de fresa, ya que no quería usar mucha porque tenía que administrar bien mis alimentos para que me duraran.

     Al cabo de un rato, cuando hube recogido y limpiado todo, me vestí de negro el pantalón, de blanco la camiseta y me fui directa al trabajo. Por el camino, tuve la corazonada de que algo malo me iba a pasar, pero dejé de darle vuelta y mantuve la mente en blanco hasta llegar al bar.
     Una vez dentro, el jefe me saludó.
-         Bienvenida Laura, ¿qué tal estás?
-         Muy bien, señor.
-         ¡Oh! Por favor no me llames señor, llámame Eugenio.
-         Claro… Eugenio.
-         A ver, voy a presentarte a tu compañero, ¿de acuerdo? Espera un momento.
     Se marchó por una puerta que llevaba adentro donde se cocinaban y limpiaban las cosas. Al rato, salió acompañado de un muchacho joven. Era rubio, tan rubio que su pelo parecía blanco, sus ojos eran marrones y era muy alto.
-         Laura, este es Roberto Castillo y tiene veinte años.
-         Encantada Roberto. Yo soy Laura Escobar y tengo dieciocho años.
-         Encantado.
     Su voz era grave y seductora. Sonaba como un potente instrumento que te hipnotizaba con su melodía. Aunque parecía de pocas palabras.
-         Bueno, él te va a explicar todo y te enseñará todas las cosas que tendrás que hacer. Roberto repartíos las mesas entre los dos y poneos con la labor, ¿de acuerdo?
-         Sí, señor.
     Se dio la vuelta y Eugenio se marchó. Mientras tanto, Roberto me miró directamente a los ojos.
-         A ver qué hago yo contigo…
     ¿Estaba de broma? ¿Qué le parecía que era? ¿Un estorbo? Pues me daba lo mismo lo que pensara. Yo iba a trabajar para ganar dinero y no para otra cosa.

-         El número de mesas son pocas. Hay en total diez mesas, por lo que cinco para cada uno. Tú te encargas de las cinco primeras y yo de las cinco segundas. Toma este libro y apréndete todos los platos, aunque tranquila que no hay muchos. Lo importante son las bebidas porque la mayoría piden cafés, alcohol y demás. Raro es que pidan algo de comer o que haya alguien joven. Lleva cuidado con los de la mesa tres porque siempre están en la misma mesa y van a ponerte bonita de pies para arriba. Por lo demás… Creo que ya está. ¿Lo has entendido?
-         Si…
     Y parecía que era de poco habla… Al menos parecía saberlo todo y tenerlo en orden. Sabía trabajar bien.
-         Pues venga. A trabajar.
     Sí que iba rápido este hombre. Pero bueno, vamos con la labor.


-         Bienvenidos, ¿qué desean tomar?
     La mesa tres… Por lo que me había dicho Roberto, esta era la peor de las que me habían tocado. Rezaba porque no pasara nada.
-        Hola, ¿tú eres la nueva, chata? Pues vaya tías más guapas que contratan aquí, ¿no? Pero si eres rubia… ¿Debes de ser tontita, no? Entonces… ¿Por qué no nos invitas a algo?
-         Lo siento, no soy tonta y, lo siento, aquí no se invita a nada a no ser que sea el jefe. Y bien, repito, ¿qué desean tomar?
     Les sonreí con la sonrisa más falsa que pude poner, pero de repente, estiró la mano y me tocó el culo. Cuando iba a contestarle dándole una bofetada, Roberto me agarró y se puso delante de mí.
-        Disculpe señor. Aquí la gente viene a tomar algo y no a tocar a las camareras, que trabajan duramente, en partes obscenas. Si no quiere comer ni beber nada, será mejor que se levante y desaloje el sitio. Y eso va por todos los que aquí sentados vayan a hacer lo mismo, ¿de acuerdo?
     Increíble. Dicho eso, los señores se levantaron de la mesa y se fueron. Había conseguido echarlos de una manera directa y educada. Además, me había ayudado de manera que no pudiera perder mi empleo. Aun me mantenía agarrada del brazo y con las mismas se acercó a mi oído y me dijo:
-       Creía que la norma de “No golpees a los clientes” la tenías clara.
     Y con las mismas, me soltó y siguió a lo suyo. Era un poco engreído, pero, al fin y al cabo, me había salvado.