¡Enganchados!

lunes, 26 de marzo de 2012

No me abandones en la Oscuridad (IV).

Capítulo 3

     Desperté con la cabeza dándome vueltas. Estaba muy mareada y solo notaba algo cómodo bajo mi cuerpo. Un momento... ¿Algo cómodo? ¿Cómo era posible? Me levanté casi al instante e intenté orientarme y saber en donde me encontraba. Estaba acostada sobre la cama de mantas de satén negras de una habitación oscura. Las paredes eran de un color negro caoba, los muebles de madera tenían un aspecto tétrico y desolados y cerca había un espejo grande, la única cosa que daba vida a la sala. Era como el dormitorio de una película de terror y, si lo era, comenzaba a excitarme mucho de pensar que pudiera encontrarme en una situación así. 
     La verdad es que no me daban miedo esas cosas y disfrutaba viendo las típicas películas con las que todos gritaban y salían huyendo. Intenté pensar como pensaría la protagonista de esta historia y como la narrarían con tal de que las escenas causaran un temor absoluto. 
     La única cosa llamativa era el espejo, lo que hacía pensar que allí podría ocurrir algo. Así pues, me levanté de la cama y me acerqué cuidadosamente hasta colocarme justo en frente del objeto. Mi imagen se reflejaba y daba a ver una persona idéntica a mi y que hacía los mismos movimientos que yo. Levanté la mano y la copia hizo lo mismo. Pestañeé hasta que me dolieran los ojos y pude ver que mi otro yo se quejaba de la misma molestia... 
     No ocurría nada interesante. Pues vaya... Pensé que lo mejor sería investigar y conocer el lugar en el que estaba y como salir de allí, pero cuando fui a darme la vuelta, escuché un ruido. Volví a girarme. ¿Era posible que, después de todo, mi esperada escena de horror llegara? Me acerqué más al espejo, hasta tal punto que pude notar su contacto frío contra la piel. Apoyé mi mano sobre una mesilla y me concentré mucho en el sonido que había escuchado antes. ¡Y de repente...!

- ¿Qué coño estás haciendo?

     Me giré como una gato que se pone en su postura defensiva. Era el mismo hombre que había conocido aquella noche. Y eso que pensaba que todo había sido un sueño.

- Nada.
- Pues no lo parece. ¿Qué tratas de hacer acercándote tanto al espejo? ¿Encontrar una salida secreta o algo así? 

     No era una mala idea...

- Que va... Solo me estaba mirando.
- Ya veo.

     Él comenzó a dar vueltas alrededor mía escrutándome como si fuera un cazador acechándome y yo fuera la débil presa que al final era atrapada y moría... Ni pensarlo, este no era el caso.

- ¿Qué miras?

     Entonces se detuvo.

- A tí.

     Eso era obvio.

- ¿Por qué? ¿Tengo algo en la cara?

     Esbozó una sonrisa pícara, como si se divirtiera con este juego. Se acercó un poco más y siguió en silencio.

- ¿Vas a hablar o tengo que descubrirlo por mí misma?

     Su sonrisa desapareció y, con una velocidad atroz, se dirigió hacia la puerta.

- ¡Vamos!

     Fue lo único que dijo. A continuación, se marchó y me dejó ahí sola. Al cabo de unos segundos, reaccioné y le seguí. No perdía nada con intentarlo.




lunes, 19 de marzo de 2012

.Amor Ardiente 8.

Capítulo 7

     ¿Por qué diablos había hecho todo esto? Hasta yo mismo me calificaría como un acosador. Sin embargo, había algo dentro de mí. No se si sería un simple impulso, o que mi demonio interior me obligaba a ello. El caso era que ahí estaba. Andando junto a ella como si todo fuera tan normal. ¿Acaso no me temía? ¿Como podía haber accedido a hacerlo? La verdad, no me importaba. Solo tenía la necesidad de conocerla. Su casa, su personalidad, sus amigos, su familia, su cuerpo, ¡todo! No me importaba si mi mera existencia le afectaba o no.   De todas formas quería poseerla. Hacerla mía y abrigarle con el calor de mi cuerpo. Hacerle el amor todo el día y que se durmiera a mi lado, exhausta por el desenfreno. Tomar su cara y besarle...
     No sabía como iba a conseguirlo, pero lo haría, cogiéndole su delicada mano y recorriéndole con mis labios hasta llegar al lugar más escondido, el más profundo. Mía. Ella me pertenecería.
     De repente, su móvil sonó. Era una canción bastante antigua, pero pude reconocerla. Ella respondió a la llamada:

- ¿Dígame?

     Pasó un corto tiempo donde pude escuchar una voz masculina al otro lado.

- Sí. Ahora mismo estoy un poco ocupada.

     Y otro tiempo.

- ¿Tan importante es? ¿No puedes pedírselo a nadie más?

     Y otro...

- Ay... Bueno, está bi...

     No pude resistirme. Si ella accedía a hacerlo se marcharía y yo no quería eso, así que en ese momento le agarré del brazo y le miré a los ojos. Fue un gesto de súplica, pidiéndole que no me dejara.

- ... Escucha, ¿puede ir con un amigo?

     Mierda. Ahora las cosas se habían tornado de otra manera.

- De acuerdo, gracias. Allí nos vemos.

     Y colgó.

- Me parece que tendremos que aplazar lo de mi casa. Tengo que ir al pub de un amigo. ¿Te vienes o has cambiado de idea?

     Dudé por un instante. No sabía qué hacer. Quizás el que la había llamado era su novio... No. Ella acababa de decir un "amigo". ¿Qué debía hacer? Sabía que quería conocerlo todo sobre ella, pero ¡¿ahora?! Que locura... Por consiguiente, dejé que mi instinto me guiara.

- ¿Quién es ese amigo tuyo?
- Alguien, no le conoces.

     Se mostraba a la defensiva, que gracioso.

- Quizás si.
- O quizás no.
- Pues tendremos que demostrarlo.
- Si insistes...

     Era posible que todo esto no fuera más que un juego, que solo lo hiciera para olvidar mis pesadillas pasadas, pero sabía y tenía una cosa clara. ¡No me lo había pasado mejor en toda mi vida!




lunes, 12 de marzo de 2012

En Busca de la Imaginación (VI)

Capítulo 5

     Llegó un punto en el que no sabía si me había quedado totalmente ciego, o si el mundo se había destruido por completo. El caso era que todo estaba negro, como si la misma oscuridad nos persiguiera para adueñarse de nosotros. Sin embargo, sin comprender por qué, no tenía miedo. Era como si aquella sombra me diera una calidez que no había sentido desde hacía muchos años... Más exactamente, desde que Marina se casó. Todavía sigo sin saber como logré aguantar allí de pie, felicitándola y deseándole lo mejor con su marido.  Aunque mientras mi cara externa reflejaba alegría y satisfacción, la interna y más oculta de todas se retorcía y dolía como si cien puñales hubieran caído sobre ella. Fue una sensación extraña. Cuando llegué a casa, tuve la sensación de que todo había cambiado. Que el lugar en el que vivía era desconocido, que mi nombre era extraño, y que Marina ya no era Marina. Desde entonces, no volví a verla hasta ahora. Sentía que si lo hacía, todo se desmoronaría y no podría evitar la poderosa necesidad de asesinar a aquel que me la había arrebatado. ¿Soy un asesino? ¿Acaso no soy nada más que un repugnante y cruel criminal que ha dedicado su vida a escribir sobre novelas de miedo y suspense por no verse involucrado en ellas de verdad? ¿Por qué diablos no intenté cambiar mi vida y comenzarla de nuevo?

- ¿Amancio?

     Su voz me devolvió a la vida. Su melodioso sonido atravesó mi cuerpo de tal modo que creí que estaba en el paraíso más absoluto de todos. ¿Con solamente eso conseguía ponerme así? Empecé a preguntarme por qué no había decidido convertirme en uno de esos poetas que escriben de sus desamores y tormentos y al cabo de un tiempo su fama se hace mundial...

- ¿Sí?
- ¿Dónde estamos?

     Sin haberme ni percatado, habíamos llegado a una inmensa sala. Por todos los sitios que había pasado en mi vida, todas las casas, chalets, edificios, hoteles, mansiones y demás, nunca había visto nada tan enorme y majestuoso. Sus muros parecían hechos de un mineral precioso y de un color similar al de la nieve, solo que tenían una peculiaridad. Brillaban. Pero no como uno de esos brillos apagados y sin gracia. No. Brillaban como si las estrellas le hubieran regalado parte de su luz para embellecerlos hasta el punto de que te pudieras enamorar de ellos. Mi corazón latía con fuerza, y más lo hizo cuando vi la puerta. Era una puerta imperial, como si fuera de algún reino antiguo de un gran gobernador. Como la de un Dios. Bañado en oro, el portón tenía unos dibujos indescifrables y unas letras en una lengua ya extinguida.

- ¿Qué letras son esas?
- El alfabeto maya...
- ¡¿Qué?! ¿Cómo es eso posible? ¿Los mayas pasaron por aquí?
- Quien sabe... Yo ya empiezo a pensar que todo es posible después de tan raras experiencias que estamos viviendo.
- Y que lo digas...

     Noté como si hubieran pasado horas, días, meses, años... Pero no habían transcurrido más de quince minutos. Al menos llevaba mi reloj conmigo. Algo que me mantendría sujeto al mundo real y que sería como una vía de escape de este chocante universo. 

- Bueno, y ¿ahora que hacemos?
- Esa pregunta si que es buena.

     Dije entre risas.

- ¿Por qué?
- ¿No es obvio? Porque lo que vamos a hacer es entrar.

     Y sin preocuparme de lo que ella pensara u opinara en esos instantes, sujeté el picaporte que parecía un diamante incrustado y tiré de él, abriendo y despejando la bruma que nos había acompañado todo el largo e interminable camino.  







viernes, 9 de marzo de 2012

.Historias de mi Vida 2.

Historias de mi Infancia


     Cuando mi madre trabajaba y daba clases en un colegio de La Manga donde iban mis dos hermanos mayores, yo, como soy la pequeña, debía quedarme en la Islas Menores en casa de mi abuela, que me cuidaba  hasta que mi madre volviera y pudiera encargarse de mí. Ella se pasaba en grande conmigo y siempre jugábamos juntas a cualquier cosa. 

     Todos los días, con las sobras de la comida que le quedaban, las lanzaba a la calle donde un montón de gatos acudían al lugar hambrientos. De entre todos, había uno negro como el carbón, grande, gordo y hermoso. A mi abuela se le ocurrió montarme encima, pero teniendo cuidado de que el animal no me arañara o hiciera nada. Yo, feliz y entusiasmada, me acomodé y me agarré a las orejas del pobre gato. Y...

     Ya os podéis imaginar cual fue la risa de mi abuela cuando el felino comenzó a caminar y a pasearme por toda la calle de un lugar a otro.