¡Enganchados!

lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad :D!

Ouh, Ouh, Ouh... ¡Feliz Navidad a todos!

Típica frase de Papá Noel, ¿verdad?

Madre mía chicos, ¡ya es Navidad! Hace apenas unos días estábamos tomando el sol en la playa disfrutando del sonido de las olas del mar, o nos encontrábamos en el campo donde pasábamos la mayoría de nuestro tiempo metidos en la piscina, ¿a que sí?

Pues el tiempo pasa como pasan las cosas y estación tras estación todo cambia. Ahora es temporada de fresquito, de estufas, chimeneas, bufandas, guantes, gorritos y todo lo necesario para que estemos calentitos, ¿cierto?

¿Y sabéis que es lo mejor? ¡Que dentro de unos días será el segundo aniversario de mi blog! Madre mía, como pasa el tiempo de rápido... Me recuerdo a mí misma metiéndome en Internet y pulsando el botón que me daba acceso a crear un blog y poder compartir con todos vosotros mis historias. Hace dos años... Me siento como si hubiera crecido un poco más jeje. Al principio, nadie solía entrar a mi blog. Era un lugar sin fama, ni prestigio. Además yo carecía del tiempo necesario para mantenerlo día a día (ahora he vuelto un poco a esa etapa pero tengo una escusa: ESTE AÑO ME PREPARO PARA LA SELECTIVIDAD... osea que entro a la Universidad el año que viene si apruebo los exámenes y casi no tengo tiempo para nada) y por lo tanto era un sitio poco atractivo a la vista de los demás. Sin embargo, creo que fue cosa de hace un año que decidí retomarlo con más ganas que nunca. Poco a poco, este blog fue creciendo. Modifiqué paso a paso todo lo que iba aprendiendo gracias a Internet y a amigos que tienen otros blogs. A todas esas personas, gracias. Fui escribiendo más y más y, por lo visto, todo esto dio sus frutos. Pasé de tener 0 seguidores a tener actualmente 28. Sé que no es una gran cantidad, pero con saber que hay gente que lee mis escritos y disfruta con ello es más que suficiente para mí. Muchísimas gracias a todos mis Enganchados y os deseo una Feliz Navidad.

Un beso de hielo,

M y M.




domingo, 23 de diciembre de 2012

Antes de que salga el Sol (VI.I)


El sonido de un leve golpe contra la puerta la sacó de sus sueños.

-          Ivett, ¿estás ahí?

Mery entró en el cuarto y se aproximó a ella.

-          ¿Ocurre algo?

-          Duncan me ha mandado buscarte.

-          ¿Duncan?- El nombre de aquel ser la estremecía por dentro de una forma inquietante- ¿Qué es lo que quiere?

-          No tengo ni idea, pero supongo que debe de ser algo importante. Me ha dicho que te vistas con algo ligero y cómodo y que vayas al jardín principal.

-          ¿El jardín principal?

Lo cierto es que no conocía mucho aquel lugar y tampoco se había tomado el tiempo para averiguar todos y cada uno de los escondrijos de la mansión.

-          Vístete. La ropa la puedes coger del armario que tienes a tu lado. Cuando acabes yo te conduciré hasta allí. Venga, rápido. Parecía que Duncan tenía prisa en que llegaras cuanto antes.

Se levantó de la cama y se dirigió al armario. Se puso unas mallas negras y una camiseta ancha de color rojo, en conjunto con unas converse. Al terminar, siguió los pasos de Mery hasta llegar a un amplio portón matizado con un tono cobrizo. La puerta se abrió casi al instante y dio a ver un enorme y espléndido jardín lleno de flores y plantas exóticas. Se adentraron en el interior y llegaron al punto céntrico donde Duncan apareció con un hermoso batido de sus rojizas alas.

-          Ya era hora. ¿Pensabas quedarte durmiendo todo el día?

Miró el reloj solo por mera curiosidad. Eran las doce de la mañana. Se extrañó ya que ella nunca había logrado dormir hasta esa hora debido a que sus pesadillas la solían acosar noche tras noche. ¿Cuál habría sido el motivo de que hubiera tenido un sueño tan placentero?

-          Lo siento, no me había percatado de la hora.

Duncan la miró un instante y desvió la vista. ¿Realmente no iba a decirle nada acerca de lo sucedido la noche anterior? ¿No iba a mostrar ninguna señal de interés hacia ella? Decidió que era mejor dejarlo pasar por el momento.

-          ¿Y bien? ¿Qué es lo que querías de mí?

-          Te he preparado un entrenamiento especial.

-          ¿Entrenamiento?

-          No podemos estar todo el día quietos esperando a que tus recuerdos vuelvan de la nada, así que he decidido realizar esta sesión para ver si por algún medio logras acordarte de algo.

Lo cierto es que era un buen plan. Él tenía razón en que no debía quedarse quieta y esperar a ver si sus recuerdos accedían a aparecer.

-          De acuerdo. ¿Qué es lo que has preparado?

-          Para comenzar, vamos a dar una vuelta.

-          ¿Una vuelta?

Y, en un abrir y cerrar de ojos, Duncan la tomó entre sus brazos y, desplegando sus alas, alzó el vuelo. La impresión del momento le obligó a cerrar los ojos y agarrarse a él en un intento de no caerse, aunque sabía perfectamente que él no la soltaría.

-          Ya puedes abrir los ojos.

Esas palabras la tranquilizaron lo suficiente y pudo volver a mirar a su alrededor. Dios… Por lo visto, en lo alto del jardín había una cúpula que daba al exterior y lo que vio la dejó fascinada. A pesar de que a su llegada solo había visto un lugar solitario y hostil, por lo visto, la zona de atrás de la mansión era un extenso y frondoso bosque poblado por cientos de especies vegetales y animales. Además, el cielo se había vuelto de un tono azul puro y las nubes habían desaparecido.

-          Madre mía…

-          ¿Te gusta?

La voz de Duncan le hizo volver a la realidad y recordó que aun se encontraba totalmente enganchada a él. Lo soltó poco a poco hasta quedar en la distancia apropiada en la que pudiera mantenerse sujeta para no caerse.

-          Es increíble. ¿Por qué la parte principal es tan contraria a esta?

-          Debemos ser cuidadosos. No queremos que ninguna persona inoportuna descubra nuestro refugio, por lo tanto hay que mantener una cierta apariencia para mantener alejados a los demás. Esta parte es únicamente accesible y visible a través de la cúpula por la que hemos salido, que solo puede pasarse volando.

-          Pero, ¿cómo lográis mantener todo esto?

Una risita se le escapó de su deliciosa boca y él se atrevió a mirarla finalmente a los ojos.

-          Supongo que tampoco recuerdas a Kiara. Su especialidad son las plantas. Tiene un don especial para cuidarlas y adora pasarse la mayoría del tiempo rodeada de ellas. Es también la curandera del clan y elabora las medicinas a través de brebajes procedentes de cultivos especiales que jamás muestra a nadie por miedo a que puedan hacer un mal uso de ellos. Lo cierto es que son muy efectivos y, aunque tiene un sabor tremendamente horrible, hace que las heridas muy profundas que nos podamos hacer sanen completamente.

-          Pero, ¿no se supones que os regeneráis vosotros solos?

-          El proceso de regeneración absorbe gran parte de nuestra energía, por eso, si la herida es leve logramos recuperarnos rápidamente, sin embargo, cuando la herida es más profunda, aunque podríamos sanarnos, acabaríamos exhaustos y no podríamos defendernos de casi ningún ataque. Por ese motivo, Kiara siempre nos da unos pequeños sobres con sus mezclas cuando vamos a luchar y si tenemos algún problema, un simple sorbo nos restaura casi completamente. La llaman “La Mano de la Diosa”. Ya debes entender el motivo.  

-          Es admirable. Ojalá yo tuviera un poder así.

-          Tú tienes otros poderes, lo que pasa es que aun no recuerdas como utilizarlos.

-          ¿En serio? ¿Qué clase de poderes poseo?

La sonrisa que se había dibujado en su rostro desapareció en aquel momento. Entonces volvió a apartar su mirada y descendió hasta el suelo.

-          ¿Ocurre algo?

-          No, nada. Por hoy ya hemos terminado. Mañana asegúrate de estar aquí a la misma hora, ¿de acuerdo? Puedes irte.

-          Pero…

-          ¡He dicho que te marches!

Sus ojos se habían vuelto de nuevo del color de la sangre y un aura oscura comenzaba a emanar alrededor de su cuerpo.

-          No pienso irme.

La seguridad se colocó en su mirada y no apartó la vista ni por un segundo de él. Parecía como una batalla interna entre ambos en la que ella no quería perder por nada del mundo.

-          Eso dijiste antes de abandonarme la última vez.

-          ¿Cómo?- La ira con al que Duncan la miraba la confundía- ¿A qué te refieres?

-          Si ni siquiera eres capaz de recordar quien eras, es imposible que entiendas de qué estoy hablando.

-          Pues si al menos me explicaras lo que ocurre podría entender lo que pasa.

-          Esto es lo que ocurre.

Y en un leve pestañeo, se colocó a su lado y la besó de manera efusiva. Otra vez no. Ella no podía dejar que él hiciera siempre lo que le viniera en gana, pero cuando trató de apartarlo, unas robustas manos le impidieron el movimiento. Sin embargo, ella no pensaba quedarse allí parada, así que tomando valor, le mordió el labio con rabia. Ante aquel acto, Duncan se separó al instante y ella logró escabullirse de su fuerza.

-          ¿Por qué? ¿Por qué siempre haces esto? Actúas como si no te importara y como si no fuera nadie para ti, pero en el momento menos esperado te abalanzas y me besas de esta forma. ¿Qué demonios tengo que pensar? No me acuerdo de ti por mucho que me esfuerce, pero algo en mi interior no quiere separarse de ti. ¿Alguien puede explicarme que me está ocurriendo?

Entonces, una luz blanquecina apareció de la nada y la envolvió como un cálido manto. Aquello le traía recuerdos. ¿Alexandra?

-          Exacto.

Justo enfrente de ella, su propio reflejo volvió a aparecer. Era ella misma de nuevo, con ese camisón del color de la nieve.

-          Estás aquí de nuevo, ¿por qué te marchaste la última vez?

-          Aun no es el momento.

-          ¿El momento? ¿El momento de qué?

-          Aun no puedes recuperar tu pasado.

-          ¿Cómo? ¿Mi pasado? ¡¿Por qué?!

-          ¡Ivett!- La voz de Duncan…

Y el manto blanquecino desapareció.

-          ¡Ivett! ¡Ivett! ¿Estás bien?

Por lo visto, se encontraba de nuevo entre sus brazos.

-          Sí… ¿Qué ha ocurrido?

-          Te has vuelto a desmayar, pero esta vez… Estabas hablando con alguien. ¿Qué has soñado Ivett?

Unas lágrimas comenzaron a rodar por sus rosadas mejillas y no se sintió con fuerza para detenerlas. Salían de una en una con fuerza, como si quisieran huir de ella misma.

-          ¿Ivett? ¿Por qué lloras?

-          No puedo…- Apenas fue un susurro.

-          ¿Qué? No te escucho.

-          No puedo… No puedo acordarme de ti.

-          ¿Cómo? ¿Por qué dices eso?

-          Alexandra me lo ha dicho. Yo aun no puedo recuperar mis recuerdos y por ello… No puedo acordarme de quien eres… Lo siento. Lo siento…

Se tapó la cara en un intento esperanzado de que él no la viera llorar más. No quería que viera su lado débil. No quería que él pensara que era frágil. No quería que él se alejara de ella para siempre. No quería… No quería que él la odiara. Sin embargo, una mano gentil se posó sobré su cabeza y comenzó a acariciarla tiernamente. Aquello la obligó a expulsar todas y cada una de las lágrimas y penas que su interior contenía. Lo abrazó con cariño y una especie de sentimiento que renació de algún lugar que había olvidado. Renació de su pasado. De aquel sitio al que aun no podía acceder. Aun no lograría acordarse de él, pero haría lo que estuviera en su mano para conseguirlo. Mientras él estuviera a su lado, sentía que podía mantenerse fuerte en cualquier momento. Él era su fuente de energía, era su templo más sagrado.




lunes, 10 de diciembre de 2012

¡Nuevo libro de la semana!



Donde esté mi corazón



Antes de que salga el Sol (VI)


¡Hola a todos! Después de tanto tiempo (y de terminar casi todos mis exámenes) he logrado ponerme de nuevo y escribir otra vez. Aquí os traigo un nuevo capítulo de Antes de que Salga el Sol. Espero que os guste y disfrutéis mucho o incluso más de lo que disfruté yo escribiéndolo. Además, dentro de poco haré un viaje a Italia por lo que estaré ausente otra semana :) Siento no poder escribir, peor os prometo que haré un reportaje y lo subiré mientras os cuento todas las anécdotas que logre sacar :D 

Un feroz abrazo,

M y M.


Capítulo 6


Sus ojos se habían cerrado sin darse cuenta y la imagen de aquel ángel tocándola sensualmente le había hecho abrirlos apresuradamente. Maldita sea… Ni ella misma comprendía por qué diablos había hecho aquello. Me estoy volviendo loca. Ese pensamiento no se alejaba de su cabeza y había comenzado a creer que era cierto. ¿Cómo se había dejado seducir tan fácilmente y se había metido en la cama de ese hombre sin preocuparse absolutamente de nada? Joder… ¡No hacía ni tres días que lo conocía! O eso creía ella…
De repente, un fría húmedo entró por la ventana helándole todas y cada una de las partes de su cuerpo. Además de ella, parecía que el tiempo también había enloquecido de un momento a otro. Se levantó del cómodo y precioso sillón de un tono dorado y se dirigió a la amplia ventana, que daba a un balcón con vistas a las etéreas luces de la ciudad, para cerrarla.
Se colocó justo al lado de esta, pero no pudo moverla del sitio. No, porque un ser de unas alas más oscuras que la noche, estaba sentado en la barandilla mirándola intensamente con unos ojos tan negros que llegó a pensar que iba a ser absorbida por ellos. A pesar de eso, tenía un cabello del color de la nieve que contrastaba de una forma deslumbrante y le daba un toque de lo más cautivador. ¿Quién era aquel ser tan fascinante? Salió al exterior y no pudo evitar que sus pies dieran unos ansiosos pasos en su dirección.

-          Hola Alexandra.

¿Cómo? ¿Alexandra? ¿Por qué demonios la conocía y la había llamado por ese nombre? Sin embargo, a pesar de no recordarle, después de lo que había vivido pensó que tampoco era nada extraño. Seguramente sería alguien a quien habría olvidado, tal y como le habían dicho.

-          ¿Hola?- Su voz, a pesar de lo que pensaba, denotaba cierto tono de desconfianza, como si no quisiera ejecutar las órdenes que su cerebro le enviaba- ¿Quién eres?

Los ojos de aquel hombre comenzaron a brillar con intensidad, como si un interés oculto y una diversión infantil hubieran despertado en su interior.

-          ¿No te acuerdas de mí?

Trató de concentrarse en su rostro, en sus rasgos. No. Si alguna vez hubiera conocido a un hombre tan sumamente atractivo y elegante, se acordaría. A pesar de eso, había algo en él que le era familiar, aunque no conseguía adivinar el qué.

-          Lo siento- ¿Por qué se disculpaba?- Olvidé todo lo relacionado con este mundo.

Sus labios se movieron ligeramente hasta formar una sonrisa arrebatadora y ella no pudo evitar morderse el labio inferior para no decir nada que no debiera.

-          ¿Por qué te muerdes el labio?

Y en un abrir y cerrar de ojos, aquel oscuro y a la vez brillante ángel voló de una forma perfecta en su dirección y colocó su dedo pulgar en el labio. Lo deslizó suavemente alrededor de su boca y luego le tomó del rostro en un gesto afectuoso.

-          ¿Quién eres…?

Notó como sus rasgos se aterciopelaban y la rozaban en una suave caricia con sabor a melocotón. Entonces se acercó y la besó delicadamente en la frente. Sus labios estaban fríos y un escalofrío recorrió su cuerpo, ¿o no habría sido solo el frescor? Se separó y la miró con un profundo matiz cariñoso, como si la conociera de hacía bastante tiempo.

-          ¡Oh, querida mía!- Sus palabras salían de él como melodías armónicas envueltas con un manto de paz, de tranquilidad- Si te lo dijera, querrías matarme.

¿Matarlo? ¿Ella? ¿Por qué habría de hacer tal cosa? Intentó indagar más a fondo en su mente, para lograr encuadrar muchas cosas que no comprendía. Para empezar, a pesar de que conocía a Duncan desde hacía apenas unos días, se sentía terriblemente atraída hacia él en todos los sentidos. En segundo lugar, ¿qué le pasaba al tal Igor con ella? Desde que la había visto por primera vez, sentía que cada vez que la miraba, la asesinaba sigilosamente con la mirada. También, su vida había sido una especie de mentira todo este tiempo y ella no recordaba absolutamente nada de su pasado. Y, encima, ahora aparecía este flamante e increíble hombre que la trataba como una princesa de cuento y no quería desvelar su identidad. Su curiosidad aumentaba por momentos y sentía la necesidad de alejarse de aquel hostil lugar al lado de aquel hombre misterioso y seductor. ¿Tan grave sería si lo hiciera? Sin embargo, la imagen de Duncan se plantó en su mente y le hizo retroceder ante esta acción. ¿De verdad el mero pensamiento de que él podría enfadarse la preocupaba?

-          Bueno querida Dröttningu, lamento anunciar que me tengo que marchar.

-          ¿Qué? ¿Te vas?

-          Sí preciosa, es el momento de mi despedida.

Y arrodillándose cual caballero de noble armadura, le tomó la mano y se la beso en un signo de despedida. Entonces, con un sutil movimiento de sus alas, se alejó de ella y ascendió al cielo.

-          ¡Espera!

Ante su inesperada llamada, el ángel de los cabellos nevados se giró hacia ella.

-          ¿Sí?

No podía quedarse allí, callada, si saber qué hacer, esperando que el tiempo le diera las respuestas que buscaba. No. Tenía que hacer algo y sentía que él podría ayudarla.

-          ¿Cuándo podré volver a verte?

Entonces la sonrisa que se dibujó en el rostro del ángel le dieron una sensación de que lo que estaba haciendo estaba mal y que no debía acercarse a él, pero quería respuestas y las quería lo más antes posible, así que decidió callar esa voz que le decía que no lo hiciera.

-          Podrás volver a verme cuando lo desees ya que tú y yo, Alexandra, estamos conectados.




jueves, 15 de noviembre de 2012

¡¡Blog en Reformas!!

Hola queridos y queridas enganchados. 

Por desgracia, estoy en una época en la que carezco del tiempo necesario para dedicarme al blog a fondo. 

Así pues, he decidido poner el blog en REFORMAS y buscar nuevas ideas que os lleguen al corazón.

Perdonad mi falta de inspiración,

M y M.

jueves, 25 de octubre de 2012

¡Felicidades Delia!

Hoy, día 25 de Octubre de 2012, es el 17 cumpleaños de mi amiga y lectora Delia. Ella es una persona muuuuy importante para mí y siempre me ha estado apoyando en todo momento. Pues bien, hoy es su cumpleaños y que menos que dedicarle una entrada en mi blog deseándole lo mejor. Ahora, solo le queda justamente un año para ser mayor de edad, ¿no? Pero hoy es su día, así que a vivir y disfrutarlo. 
Espero que siempre seas igual y nunca cambies, porque eres increíble y sabes que te mereces todo en este mundo.

Un abrazo de oso para Delia y todos mis lectores,

M y M.

Pd: Si queréis que os dedique una entrada en el día de vuestro cumpleaños, solo tenéis que dejarme un comentario en el blog especificando la fecha, edad y todo lo necesario. Estaré encantada de hacerlo por vosotros. Un besazo :)




" Delia "

martes, 23 de octubre de 2012

¡Nuevo Libro de la Semana!

Ya he actualizado el Libro de la Semana.

¡Pasad dentro y leedlo! Tenéis que haceros con él :)

Abrazos y mordisquitos:

M y M.

domingo, 21 de octubre de 2012

5000

Madre mía, no me lo creo. ¡Más de 5000 visitas ya! ¿Sabéis lo que eso significa no? 

Como ya os dije hace tiempo, cuando llegara a las 5000 visitas haría un evento. Pues bien, está muy cerca y próximamente anunciaré de qué se trata.

Por otra parte, quiero anunciar que he estado y estaré futuramente ocupada debido a que los estudios me tienen absorbida y debo estar concentrada en ellos. Siento si por cierto tiempo no subo nada nuevo, ni ninguna actualización al blog, pero realmente debo estudiar mucho. Por esto, les prometo que cuando tenga un tiempo libre les subiré todo lo posible, ¿de acuerdo?

Un gran saludo y mordiscos arrebatadores,

M y M.




lunes, 8 de octubre de 2012

Antes de que salga el Sol (V.III)

Capítulo 5.3

Se había descontrolado demasiado y el estado Frehor(muerte,asesinato) se había apoderado de él como un veneno letal. Hacía ya años que no le había ocurrido, pero no había podido evitar que su instinto asesino apareciera de la nada. ¿Y qué había sido lo peor? Que los ojos del cielo de aquella mujer y la sensación que desprendía de fuego ardiente habían hecho que sus impulsos más primitivos salieran a la luz y la hubiera querido atar a la cama para hacerla suya una y otra vez hasta llevarla al éxtasis más extremo y hacerle perder el conocimiento. Sin embargo, algo dentro de él le había parado los pies. Las palabras de Chad habían aflorado en su cabeza y le habían hecho recordar que no debía seguir. Además, cuando ella le había formulado aquella pregunta, había recordado al instante a la pelirroja a la que le había arrancado el corazón hacía apenas unos minutos…

Se metió en el baño para darse una ducha de agua fría. Ahora, lo que más necesitaba era algo que le hiciera volver al mundo real y pensar con claridad. Miró el reloj digital que había encima de una de las mesillas. Las cinco de la mañana. Lo mejor habría sido acostarse para olvidarse de todo, pero supo que el sueño no le acompañaría aquella noche.

Después de secarse y vestirse con unos vaqueros rasgados y una camiseta negra de seda, se encaminó escaleras abajo hacia la biblioteca. Siempre que había querido relajarse le había gustado leer algo cerca de la chimenea sin que hubiera ruido alguno. Llegó al poco tiempo, pero descubrió, con pesar, que ya había alguien dentro.

-          Duncan- La voz de Igor resonó en toda la sala.

-          ¿Qué haces aquí? Tú no sueles rondar estos lugares.

-          Lo sé, pero me apetecía cambiar de rutina así que decidí entrar en este sitio. No es de mi agrado que digamos, pero supongo que no todo tiene que ser siempre perfecto.

-          Si no te gusta, ¿por qué no te largas?

-          ¡Oh! Tampoco tienes que ser así conmigo Könungr.

Duncan lo acuchilló con la mirada. Igor siempre había tenido el mal gusto de llamarle "rey", aunque él sabía perfectamente que nunca le habían gustado aquellas cosas. Él había sido siempre el tipo de persona que había querido hacerse con el mando del poder y la aparición de Ivett no le había hecho ni un ápice de gracia. Incluso él había tenido que enfrentarlo para que no la matara en aquel momento.

-          ¿Qué es lo que quieres?

Conocía a Igor bastante tiempo, así que sabía que no estaba allí por simple placer. Este sonrió cínicamente y se levantó del sillón en el que estaba sentado.

-          Eres más astuto de lo que pensaba- Su voz mostraba un cierto tono burlón- Siempre supe que tú eras el más cualificado para asumir el mando… Después que yo claro está.

-          Igor si has venido hasta aquí para discutir, puedes marcharte en este instante.

Entonces fue cuando los ojos ambarinos de Igor se oscurecieron hasta tornarse de un oro negruzco. Lo miró con todo el odio que había recorrido sus venas desde que se decidió que él sería el jefe del clan. Sin embargo, jamás le cedería su puesto a aquella escoria. Era el tipo de persona que nunca lograría la armonía necesaria para la existencia de su raza.

-          Que sepas que no te considero mi superior. Que la Diosa te haya elegido a ti como líder no quiere decir que yo lo haya aceptado. Algún día se demostrará que todo fue un error y que yo habría sido el más indicado para el puesto.

Una sonrisa provocativa se dibujó en el rostro de Duncan.

-          ¿Quieres volver a enfrentarte a mí?- Sabía que él no sería capaz ni de tocarle un dedo- No quiero volver a dejarte en el estado en el que acabaste.

-          No todo es cuestión de fuerza- dijo mientras lo fulminaba con la mirada.

-          Lo sé, pero en este caso tú eres el perdedor. Así que, si me permites, me retiro a mi habitación.

Mientras le daba la espalda y salía de la sala, Duncan notó como los ojos encolerizados de Igor le mandaban invisibles puñaladas a su espalda. Él jamás logrará ser líder. Se dijo a sí mismo mientras subía los escalones de la mansión para encerrarse en su cuarto y quedarse profundamente dormido al fin.




sábado, 6 de octubre de 2012

Antes de que salga el Sol (V.II)

Capítulo 5.2

Ivett se levantó sudando de aquel sueño. ¿Acaso había visto lo que había visto? Aunque fuera una pesadilla había parecido muy, pero que muy real. Duncan sería capaz de… No. ¿Por qué pensaba aquello? Pero había sido tan real… Tanto que había sentido lo mismo que aquella pelirroja. Menos mal que solo había sido un sueño, porque o si no… Aleja ese pensamiento de tu cabeza. Pensó en su fuero interno mientras se levantaba de la cama. Estaba sola, aunque había una bandeja en una de las mesillas con unos sándwiches y unos zumos de fruta que seguramente Mery le habría dejado ya que ella sabía a la perfección cuanto le gustaban aquellas cosas. Se acercó a una de las ventaras y, cuando miró al exterior, lo vio. Duncan llegaba volando y aterrizó justo a la entrada de la mansión. Su rostro parecía un muro de hielo y sus ojos verdes eran como piedras en aquel rostro. ¿Le habría pasado algo? O quizás… No. Imposible. Sin embargo… Decidió que quedarse allí sentada no le daría la información que quería, así que se levantó y salió de la habitación escopetada. Bajó las escaleras a un ritmo atroz y justo cuando estaba llegando al final, sus pies le fallaron estúpidamente y fue a caer al suelo cuando unas enormes manos evitaron que su cuerpo sufriera daños. Ascendió la miraba y se encontró con el frío glaciar del Polo Norte. Duncan la había salvado, pero tenía la sensación de que corría menos peligro lejos de él.

-          Gracias- Dijo mientras se incorporaba- ¿De dónde vienes?

-          De cazar.

Un escalofrío le recorrió el alma ante aquellas oscuras palabras. Todo su ser desprendía un aura asesina y tentadora, como un cierto sabor al chocolate más puro.

-          Y, ¿qué tal?

Sabía que aquella pregunta era ciertamente estúpida, pero fue lo mejor que pudo preguntar.

-          ¿Tengo que responder a eso?

-          No… Claro que no.

-          Muy bien. Entonces, adiós.

-          ¡Espera!

Y justo cuando iba a pasar por su lado, sin previo aviso, su brazo se alargó para agarrarse a su camiseta. No entendía por qué había ordenado su cerebro tal acción, pero decidió hacerle caso por esa vez.

-          ¿A dónde vas?

Su cara reflejaba la necesidad de apartarla de un fuerte golpe y largarse de allí, pero sabía que no debía hacerlo.

-          A mi cuarto. Necesito una ducha.

Solo llegó a percatarse de que iba manchado de sangre completamente cuando pronunció esas palabras.

-          ¿Qué te ha ocurrido?

-          ¿A mí?- Una sonrisa de lo más despiadada apareció- Yo no he sufrido ningún daño, tranquila.

-          ¿Seguro?

La miró esta vez de una forma diferente. La escrutó de una manera tan intensa que se estremeció por dentro y notó que ciertas partes de su cuerpo despertaban ante aquellos ojos del color de la hiedra.

-          Sí.

Y ya no pudo hablar más debido a que unos impulsivos labios fueron a impactar contra los suyos en un beso desgarrador. Su boca le supo a guerra, a muerte, a sangre, pero… También le supieron a un cierto toque de melocotón, su fruta favorita. Formaban una extraña mezcla que le hizo sentir como en el infierno más deseado que existiese. Al separarse, no pudo evitar que su cuerpo ardiera por zonas que no debían y que le costara respirar de una forma demasiado sensual. Él clavó aquellos ojos de serpiente en ella y la tomó entre sus brazos cual princesa de cuentos de hadas, solo que sabía que no acabaría con un final demasiado puro y perfecto. No. Lo que aquel hombre iba a hacerle debería estar prohibido y lo sabía perfectamente, pero no puedo evitar que aquellos brazos la envolvieran como una cálida y suave manta a los que se aferró con fuerza.

Llegaron a su habitación. Era una sala de tonos oscuros y tenebrosos, pero en aquella situación creaba cierto aspecto erótico. Él la dejó sobre la cama y comenzó a besarla con impaciencia, como si no quisiera perder ni un segundo de tiempo. La besó en la boca, en el cuello y le dio unos sabrosos mordisquitos en la oreja que le hicieron humedecer cada vez más. ¿Quién era? ¿Un Dios del sexo o algo parecido? Pues no le importaba si le enseñaba algún truco que otro… Una de aquellas enormes y perfectas manos fue a parar a uno de sus pechos y jugó con él hasta que le hizo soltar un pequeño alarido de placer. Sin embargo, ella no tenía pensado quedarse en el primer plano todo el tiempo. Sus manos fueron a parar a la parte de atrás de su cabeza, y le agarró su negra melena con una insistencia de lo más atrayente, hasta que consiguió colocar de nuevo los labios de aquel macho sobre los suyos. Le besó con furia, con pasión. Y le recordó a una película porno que había visto una vez sin querer haciendo zapping a altas horas de la noche. Él respondió al beso con agresividad y le mordió su labio inferior de una manera demasiado satisfactoria que hizo que estuviera a punto de explotar.

-          Dios… ¿Qué se supone que eres?

Ante el sonido de su voz, se detuvo. Ivett lo miró confusa ya que no comprendía porque se había parado de una manera tan repentina.

-          ¿Te ocurre algo?

-          No… Ivett. No debemos hacer esto.

Duncan se levantó raudo de la cama y ella se quedó mirándole sin comprender nada.

-          Por favor… Vuelve a tu habitación y no vengas más a verte hasta dentro de unas horas. Necesito descansar.

Ivett siguió sin entender que era lo que había hecho que aquel ángel se echara atrás en ese momento, pero cuando vio el misterioso dolor que desprendían sus ojos, se puso de pie y se marchó fuera de la sala. Por un segundo permaneció fuera, como si esperara que el ángel saliera de un momento a otro y la volviera a sumergir en el mundo del deseo, pero se dio cuenta de que no sucedería tal cosa y, maldiciendo entre dientes, se fue y se encerró en su cuarto por un largo tiempo.