¡Enganchados!

sábado, 31 de diciembre de 2011

En Busca de la Imaginación (III)


Capítulo 2


     Amanecí ese día con dolor de cabeza. No había podido dormir mucho ya que estuve despertándome a cada hora debido a mis malditas pesadillas. Me levantaba sudado de arriba abajo y con escalofríos que tardaban poco en irse en cuanto volvía a arroparme con las suaves sábanas de mi cama.

     Esa mañana, el sol se había escondido. Las nubes amenazaban con inundar las calles a su paso con la lluvia que levaban en su interior. La verdad, es que me recordaban a mí. Llenas de ira y ansiosas por deshacerse de sus males internos, para después volver a recuperarlos en cuanto pasara cierto tiempo.

     Intenté despejar mi mente echándome el agua congelada que salía del grifo de mi aseo. Enseguida, se me enrojeció la cara al contacto con el frío líquido que resbalaba por mis mejillas. Me observé detenidamente. Después de todos estos años, me había vuelto (o al menos eso pensaba yo) más viejo que nunca. El extraño que se reflejaba en el espejo demostraba unas facciones que no había tenido jamás. Las arrugas de su frente habían incrementado su número, y su poderoso y brillante cabello, se había extinguido sin dejar nada más que la zona de atrás un poco poblada. ¿Así se sentía una persona a la que la gente llamaba un “vejestorio”? Me guardé para mí las ganas de darle un buen golpe al espejo (que no tenía nada de culpa) y me alejé de él como si temiera que fuera a sumergirme en un mundo lleno de locura y oscuridad…

     Bajé las escaleras y me dirigí a recoger el periódico que se encontraba en el recibidor de mi casa. Al agacharme para tomarlo, recordé la carta del día anterior. Aun seguía ahí, encima de mi escritorio donde pudiera verla claramente. Y sin contemplaciones (igualmente a lo que pasó en aquel momento), mis dedos se quedaron helados y mi cuerpo se balanceó de tal forma que tuve miedo de que fuera a precipitarme hacia la baldosa de piedra del suelo. Pero, cogiendo fuerzas de donde no las tenía, me erguí y me dirigí al lugar donde la había dejado.

     Allí estaba. Un simple y frágil papel que hacía que todo mi cuerpo sucumbiera a su influjo. La tomé y me senté en mi sillón de cuero. Me quedé escrutándola con gran determinación y pavor. El sobre que la envolvía era blanco y el sello que había sido colocado en la cara posterior contenía un símbolo. Era la forma de una serpiente. Su boca estaba abierta, de manera que fuera visible que iba a cazar a su presa. Inteligente y sigilosa. El tipo de animal que nunca tendría en mi hogar.

     Mi mano se deslizó cuidadosamente por el sello rojo con cuidado de no deformar su estado, pero me detuve. Volví a notar aquel abismo infinito que amenazaba con engullirme si hacía tal acto. Retiré de nuevo mi mano y me puse en señal de defensa. Me dije que si seguía así nunca conseguiría saber el contenido que había en su interior y si llegaba a ser algo realmente importante yo carecería de esa información, pero supe que yo nunca podría abrirla y que tendría que buscar a alguien adecuado para esa misión.




lunes, 26 de diciembre de 2011

.Amor Ardiente 5.

Capítulo 4

     Miré la hora del reloj por décima vez. Las seis y cuarto. Solo habían pasado siete minutos desde que había llegado, pero cada vez tenía más ganas de marcharme. Cuando noté que mis piernas iban a sacarme de ahí por sí solas, la recepcionista (señora regordeta, de nariz aguileña y  pecosa) pronunció mi nombre y anunció que era mi turno. De verdad me encontraba en aquel lugar...

     La consulta psiquiátrica del doctor Manuel Gil. Ni siquiera comprendía que era lo que me había alentado a ir a ese sitio. ¿Quizá fue la figura imponente del hombre que impidió mi muerte? O... ¿Yo mismo intentando liberarme de la pesadilla que me perseguía? En fin... El caso era que ahora debía afrontar la prueba que iba a transcurrir en unos segundos.  

     Me dirigí con paso lento, pero corazón embalado hacia la puerta de la consulta. Mis dedos se situaron en el picaporte , y lo giraron abriendo la puerta. Dentro, un personaje de aspecto amable y acogedor, clavó su mirada en mí ante mi acto de presencia. Estiró su brazo en forma de saludo. Yo se lo devolví estrechándonos las manos.

- Encantado de conocerlo señor Smith.
- Igualmente, doctor Gil.
- ¡Oh! Solo llámeme Manuel. Gil es demasiado formal.
- De acuerdo.
- Bueno y dígame... ¿Vive usted aquí en Murcia?
- Sí.
- Pero, ¿es nativo o viene del extranjero? Lo digo porque su nombre, apellido y hasta su aspecto dicen lo contrario. Tal vez me equivoque...
- Del extranjero. Resulta que mis padres se separaron y estuve viviendo la mayoría del tiempo con mi padre, inglés, en Canadá, pero mi madre, que es española, tuvo otro juicio con mi padre para ver quien se quedaba con mi custodia y ganó. En total llevo viviendo aquí desde los dieciséis años.
- Y ahora usted tiene...
- Treinta.
- De acuerdo.

     El doctor iba anotando una gran cantidad de datos en su ordenador a la vez que charlaba conmigo.

- Y, ¿podría decirme cual es el motivo por el que se encuentra aquí?
- Pues el caso es que... Mi novia, que es la mujer de la que estoy enamorado, está casada con otro.
- ¿Podría contarme un poco más acerca de eso?

     Le conté todo lo que creí conveniente y le expliqué detalladamente lo que me había ocurrido. Manuel me miraba casi sin pestañear, y su mirada amable y cálida se había vuelto realmente seria y calculadora. Estaba analizando mentalmente cada frase y cada palabra que decía de un modo infalible.

- ... Y eso fue lo que me pasó.

     Acabé concluyendo.

- Muy bien. De modo que usted está resentido y desea liberarse de la imagen y del daño de esa mujer tal y como la encuentra ahora, ¿qué es...?
- Una zorra rompe corazones.
- Eso...

     El señor Gil seguía apuntando cosas en su ordenador y, de repente, vi que finalizó el tecleado y que la impresora comenzó a funcionar. De ella salió un papel y lo selló.

- Aquí tiene. En este escrito consta una justificación para su trabajo y demás de que usted puede tomarse un mes de baja debido a que usted tiene depresión.
- ¿Depresión? No sea ridículo. Es cierto que me he sentido un poco atormentado, pero tampoco es para...
- Señor Smith, le recomiendo que se tome este mes como unas vacaciones y se relaje. Le veré a la vuelta para ver si su estado de ánimo es positivo y hágame un favor.
- ¿Cuál?
- Conozca a otras mujeres.

     Desde que salí de allí, no recordé nada. Solo que me encontraba en un tren con mis maletas en dirección a Barcelona, a la vieja casa de la costa que mi madre me dejó a su muerte.
















lunes, 19 de diciembre de 2011

En Busca de la Imaginación (II).

Capítulo 1

Un papel arrugado, y otro, y otro, ¡y otro! ...
    Mi papelera comenzaba a llenarse poco a poco hasta el punto de estallar, mientras yo desechaba lo que creía innecesario, osea, todo.

Las ideas que venían a mi mente eran buenas, pero no lograba plantearlas del modo en el que a mí me hubiera gustado. Todo era basura. Ni siquiera encontraba aceptable el planteamiento, ni el argumento de mis historias.

     Mi cerebro estaba agotado y mis párpados comenzaban a cerrarse poco a poco. Me tomé el poco café frío que quedaba. Sabía demasiado amargo y pasado (debido al tiempo que había estado ahí), pero eso me ayudó a despertarme de nuevo.

   Retomé mis escritos, con la esperanza de que mi imaginación fluyera y mis manos comenzaran a escribir por sí solas, pero... Fue un intento fallido. Nada, ni una sola frase original llegaba a mi cabeza, y esto comenzaba a ser desesperante. Si no lograba poder volver a escribir, mi editorial me despediría y eso sería una catástrofe. El nombre que tanto había trabajado para llegar a ser conocido, nunca volvería a aparecer en ninguna de las portadas de ningún libro. 

Don Amancio Silvestre.

    Mi nombre, el cual resultaba desconocido hasta para mí. No lograba relacionar ninguna persona con aquel extraño, aunque fuese yo. No podía ni pensar en qué pasaría si nadie supiera de mí. ¿Y si muriera? ¿No habría ni cura para mi entierro? ¿Nadie lloraría, ni haría nada por saber cual fue el caso de mi muerte?

    De repente, entre tanta batalla psicológica, llamaron al timbre. Bajé las escaleras hasta llegar a la vieja puerta de madera, la principal de mi casa. La abrí y, con sorpresa, advertí que no había nadie. Miré a ambos lados y hasta salí al exterior del patio. Nadie. Si alguna vez alguien había estado ahí, ya se había ido. Tan rápido...

     Cuando entré y fui a cerrar la chirriante puerta, por casualidad, vi en el suelo una carta. La recogí y la observé. Iba a mi nombre, pero no decía quien la enviaba. Me dio la impresión de que si la habría, algo en su interior cambiaría mi vida, o me mataría en ese instante. Mis dedos dudaron por un momento. El temor me recorrió el cuerpo e hizo que creyera que el fin había llegado. ¿De verdad una simple carta sin nombre podía hacer que una persona pudiera ver su muerte delante?

    Comencé a pensar que el estrés me había invadido tanto que comenzaba a volverme loco. Pasé dentro. Dejé la carta encima de mi escritorio y me acosté en la cama.

     Sabía que iba a ser una noche muy larga y que las pesadillas me traerían malos presagios.






lunes, 12 de diciembre de 2011

El Diario de Laura Escobar (II).


Capítulo 1


- ¿Es qué no puedes hacer nada bien?
- Lo siento…
- ¡Solo tienes que tocar esta parte bien! ¡El piano no es tan difícil!
- Lo siento…
- Dios… Si tan solo tu padre estuviera aquí ya… ¡¿Qué demonios estará haciendo?!
- No lo sé…
- Ya sé que tu no lo sabes, por dios… Que sabrás tú, si no sabes nada.
- Perdón.
- ¡¿Y ahora por qué te disculpas?! Madre mía, esta hija me va a volver loca. Anda quédate aquí y sigue ensayando hasta que te salga, ¿de acuerdo? Yo mientras voy a ver si consigo contactar con tu padre.
- Vale mamá.

     Se levantó y salió del salón. Mientras seguía tocando el piano, escuchaba los gritos histéricos de mi madre.

- ¡¿Dónde estás!? Llevo esperándote todo el día. Ayer no apareciste y hoy vas por el mismo camino. ¡¿No ves que yo sola no puedo con la niña?!

     Un tiempo de espera.

- ¿Cómo que ahora mismo no puedes venir? ¿Qué es tan importante como para dejar a tu familia de lado?

     Otro tiempo.

- Aaah… Claro. ¿Estás con ella verdad? ¡Sé que estás con ella y no me lo niegues!
     Y otro…
- ¡Pues que sepas que quiero el divorcio! ¿Me escuchas? ¡¡El divorcio!! 
     Se vuelve insoportable poco a poco.
- ¡No! ¡No pienso calmarme! ¡Cálmate tú! No… ¡Ni se te ocurra venir ahora para acá! ¡No quiero verte! Quédate con tu amante y tríncatela un rato, porque yo no voy a volver a hacerlo. ¡Ni eso ni nada! ¡Que no! No… Voy a colgar. No quiero escucharte más. Me duele la cabeza. Me da igual lo que tú quieras. ¡¿Me oyes!? ¡Me da igual!

     Y colgó.

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     Tras fuertes peleas y discusiones continuas, decidí marcharme de casa. Para mis padres siempre había sido un estorbo y los problemas que ambos tenían me estaban consumiendo cada vez más y más. Con todos los ahorros que había conseguido, algo de ropa en una mochila ligera y poco más, antes de salir de esa jaula di un último vistazo a lo que sería ya un mal recuerdo en mi vida.
     Emprendí mi camino en dirección al tren más próximo que me llevara fuera de ese pueblo de Murcia y me alejara de aquella horrible pesadilla que me había mantenido presa en mis últimos dieciocho años.
     Una vez montada, me senté junto a la ventana y estuve observando el paisaje que iba cambiando poco a poco hasta quedarme dormida. En el sueño aparecían viejos recuerdos de mi familia cuando, en ciertos momentos, había un poco de paz en lo que se podía considerar mi casa:

     “Era el día de mi cumpleaños y mis padres me habían llevado a comer a mi restaurante favorito: Vía Apóstolo.

- ¡Feliz séptimo cumpleaños cariño!
     Dijo mi madre.
- ¿Qué quieres como regalo, princesa?

      Cuando mi padre me formuló esa pregunta yo ya la tenía muy clara, pero el miedo a que se enfadaran otra vez conmigo me hizo cambiar de idea y decidí no decirles que no quería más peleas ni enfados en casa.

- Pues me gustaría tener un móvil papá.
- Madre mía, ¿tan joven y ya pensando en eso? 
- Yo a mi edad todavía jugaba con muñecas y me apuesto a que tu padre se dedicaba a jugar a esos juegos tan raros que hacían en su pueblo.
- ¡Oye! Que los juegos que hacíamos en mi pueblo eran muy divertidos. Si a ti no te gustaban era caso tuyo.

     Mis padres reían, se miraban, se tocaban, se besaban… Esos eran unos de los pocos momentos buenos que tuve en mi vida, pero todo cambiaba en el momento en el que llegábamos a casa y todo volvía a la normalidad…

- Madre mía. Cuanto he comido. Si me hubiera comido aquel último trozo de pizza ya estaría por los suelos arrastrándome.
- Ay cariño. Si es que no deberías comer tanto. Que luego te sienta mal y te pones más malo que nada.
- Bueno, pero eso es cosa mía. Si quiero comer, como. ¡Claro! Como tú estás más seca que un espagueti. 
- Oye perdona. Que si estoy delgada es porque como sano y me cuido. ¡No como tú que te comes medio restaurante si es necesario!
- ¿Perdona? Si me como medio restaurante, ¿no será porque la cocinera de la casa no cocina como debería ser?
- ¡¿Qué yo no cocino bien?! ¡Pues si tanto te disgusta, la próxima vez cocinas tú guapo!
- Pues eso haré si es necesario, porque si seguimos así, al final nos morimos de hambre por tu culpa. Que hechas muy poca cantidad a tus comidas y las dejas escasas. Así la niña no va a poder crecer.
- ¡Pero si la niña ya está grande! ¿Qué me estás contando? La culpa es tuya por tragar tanto. Y si ella no come es porque tú te comes su comida. ¡Elefante humano!
- ¡Espagueti andante!
- Me largo ahora mismo de aquí.
- Pues anda que yo…

     Y los dos se marcharon por la puerta dejándome sola el día de mi cumpleaños.”





En Busca de la Imaginación (I).

Prólogo


     Resulta que hace tiempo que no escribo nada, es más, no he vuelto a tener una buena idea desde hace mucho. Creo que lo que ha llegado a afectarme tanto es la aparición de un posible candidato al primer puesto del Concurso Mundial de Literatura. Su obra es magnífica. La edad del muchacho no es muy avanzada, pero su forma de crear nuevos mundos y de enseñarme los secretos que corren por su cabeza es de una forma única y fascinante.

     Me causa tal sensación, que ello me lleva a un estado de parálisis en el sentido de no poder volver a imaginarme nuevas historias, ni describirlas de manera que todas las personas pudieran hacer buenas críticas sobre ellas.

     Si tuviera que ponerle un título al suceso que me está pasando, creo que lo llamaría:

" El Carecimiento de la Imaginación".










viernes, 9 de diciembre de 2011

Los Mensajes del "Extraño de al Lado".

     Era Viernes por la tarde y Antonio (un chico de 15 años) había quedado con unos amigos, pero antes de irse decidió pasarse por el ordenador. Se metió en el chat, donde la gente le hablaba todo el rato, pero no te puedes fiar un pelo de nada de ellas. En uno de esos casos, un personaje que se hacía llamar "El De Al Lado" comenzó a hablarle:

-Buenas tardes señor Antonio. Le doy a conocer que dentro de poco alguien conocido por usted morirá. ¿Podrá salvarlo o solo pasará del tema como hacen todos? La decisión está en usted.

Y se desconectó.

     Antonio se extrañó mucho. No comprendía como, con toda la gente que había en ese chat, solo le había dicho eso a él. Y sobre todo... ¿Cómo había sabido su nombre?... Por un momento colocó su mirada en el nombre que se había colocado... Visir... Todo era muy confuso, así que apagó el ordenador y se marchó.
     Cuando estaba cerca del parque donde había quedado con sus amigos, ya se le había olvidado todo lo que le había pasado. En el pequeño lugar, además de sus amigos, había niños pequeños (unos 5 o 6 años) jugando al escondite. Al verlo llegar, su mejor amiga Rosita salió escopetada en su dirección. Se le notaba la felicidad en el rostro, pero vio el horror en la cara de Antonio. Siguió su mirada y al lado de ella había un enorme camión. El chico vio como atropellaban a su amiga y notó la sangre de ella en su rostro...

     Si os preguntáis lo que le pasó a Antonio os lo puedo decir.
Ahora tiene 28 años y está ingresado en un manicomio. Los psicólogos no saben como sacarlo de la locura que lo tiene atado y loco por tantos años... y tampoco sabían que la persona que le había contado lo que iba a sucederle en ese momento solo pudo ser:

.EL EXTRAÑO DE AL LADO.




jueves, 8 de diciembre de 2011

Aquellos Recuerdos...



     Mi juventud de entonces, como el momento del amanecer, es como un capullo de una rosa antes de florecer. Me veo a mi sentado en la silla del ayer, pensando en los momentos en los que te pude ver.


     Aquella hermosa melena que olía a laurel, junto a esos ojos que expresaban la habilidad de saber. La mariposa que todos los días revoloteaba a tu lado hacía un vuelo bello, pero a la vez desequilibrado. El gato que en tus piernas dormía, de un color blanco puro, se estiraba de placer.


     Hacía tiempo que no recordaba el sitio, ni el momento... en el que sentía tus besos. Besos llenos de amor y mostrando a la vez por mí mucha pasión.

     Sin embargo, ahora solo soy un viejo cascarrabias, apenado y sin razón. Lo único que me mantiene vivo son mis recuerdos y el notar tu aura en mi corazón.









La Mesa Del Fondo.


     Mina era hija adoptiva de la familia Rodriguez. Eran una familia antigua, como las de antes. La casa era vieja y las habitaciones sucias y polvorientas. Como en casi todas, había un sótano y ella tenía prohibido entrar allí. Siempre había tenido curiosidad por saber que había abajo, así que una noche, cuando sus padres dormían, descendió las escaleras.
     Cada peldaño que pisaba chirriaba agudamente, por le que se puso de puntillas y colocó cada pie despacio. Llegó a una puerta, la cual estaba llena de telarañas, pero a Mina le dió igual y la abrió. Al entrar dentro, notó un fuerte olor a moho y estornudó varias veces por el almacenemiento de polvo en algunas partes.
     Por todos lados había estanterías donde estaban colocadas latas de conservas, juguetes viejos, herramientas de construcción, pintura, brochas... Al fondo del sótano no se veía nada, así que encendió una vela que encontró al lado de una silla rota. Fue acercándose poco a poco. Su corazón le latía muy rápido y la cabeza le daba vueltas, pero ella siguió avanzando. Pegado a la pared, había una larga mesa. Encima, jabía algo tapado con una gruesa manta blanca. Mina se puso a su lado. No sabía que hacer, sí bien destapar a ese algo o dejarlo como estaba. Decidió destapar. Ejercitó su mano como si aquella sábana fuera a pesar bastante. Alargó su mano, agarró la sábana y la destapó.
     Al siguiente día, sus padres la encontraron muerta al lado de una mesa, con una sábana en la mano y una triste sonrisa en su cara, pero lo extraño fue que encima de la larga mesa no había...

¡NADA!


miércoles, 7 de diciembre de 2011

El Diario de Laura Escobar (I).


Prólogo


     Cuando pensé en escribir mi historia no estaba segura de cómo hacerlo, así que decidí narrarla paso por paso y escribiendo hasta el más mínimo detalle. 

     Contar los problemas que has tenido a lo largo de tu vida no es algo fácil y menos cuando tiene sucesos que no te gustaría que nadie supiera, pero un amigo me aconsejó que, para librarme de las cadenas que aún me tenían presa, diera a conocer a todo el mundo la forma de vivir que tenía yo hace dos años. 

     Los diferentes casos de padres que maltratan tanto física como psicológicamente, se dan en muchas familias y en todas partes del mundo. En mi caso, decidí rebelarme a este infierno de una forma en la que acabé hasta peor de cómo estaba. Pero… La aparición de una persona hizo que cambiara el mundo que estaba viviendo y olvidara los malos tiempos que viví. 

     Y sin más preámbulos, esta es mi historia.



El Escritor y Doña Nieves.

Escritor- Debe saber Doña Nieves, que esta mañana he puesto un puesto.

D. Nieves- Resulta que ahora su forma de hablar se reitera cada vez más. ¿No será porque está surgiendo de su interior un lado poético?

Escritor- ¿Poético?

Dijo con un tono cínico.

Escritor- Querida mía, si yo fuera poeta me odiaría a mí mismo.

D. Nieves- ¿Y cuál es el motivo de tal odiada acción?

Escritor- Porque todos los poetas son unos idiotas. No saben nada más que hablar de palabrería sin poder referirse a la realidad con claridad. ¿No es mejor una buena prosa con la que poder entender todo? O no me dirá usted que entiende la poesía.

D. Nieves- Lo cierto es que cuando tengo un poema en mis manos, con solo leer el primer verso mis párpados comienzan a cerrarse como si estuviera tomando un tranquilizante de gran calidad.

El Escritor rió ante aquel comentario tan esperado para él.

Escritor- Mi problema no es que me duerma, sino que no le encuentro sentido alguno a las letras escritas en esos papeles.

D. Nieves- ¿No entiende usted nada? Pero si es usted escritor...

Escritor- Puede que sea escritor, pero por más que me pare a pensar, nunca podré escribir nada más que prosa. Lo máximo que he llegado a hacer en mi vida de verso ha sido la típica rima estúpida de la que todos se ríen cuando la escuchan. 

D. Nieves- ¿Y se puede saber que rima es esa?

Escritor- No quiera saberlo Doña Nieves... No quiera saberlo.



Volvemos a abrir nuestras puertas.

Después de un largo periodo de descanso, el blog de "Literatura Para Jóvenes" ha decidido volver a abrir sus puertas.
Con nuevas ideas, fantásticas historias e increíbles relatos, hemos decidido volver a poner en marcha este blog.
Esperamos que les guste la renovación y que disfruten de las nuevas y divertidas hazañas que les vamos a contar.
Un cordial saludo, M y M.