¡Enganchados!

viernes, 24 de diciembre de 2010

.Las Locuras de Benito.

Poner chinchetas en los asientos de la clase, cambiar los libros de las carteras de los compañeros, echar salsa picante a la comida, dejar cartas de amor con el nombre de otra persona...

Hola. Me llamo Benito, pero todos me llaman Benicuras. No. No es porque lo cure todo, no. Es porque hago locuras que nadie se atreve a hacer y siempre me pongo metas más difíciles. Benito-Locuras. De ahí viene el apodo. Hoy, os voy a contar una de tantas locuras que se me ocurren y hago.

Comenzaré hablando del lugar. Me había ido de viaje con mis padres a Sevilla (aunque no me gusta nada ese sitio). Entre tanto sevillano y tanto tonto, empecé a aburrirme de una manera espectacular. El caso fue que mientras paseábamos sin dirección por las calles, me crucé con un payaso, ¿o era un mimo? Bueno, el caso es que era algo por el estilo. Al verle, se me ocurrió una idea estupenda para pasar el rato. 
Convencí a mis padres para que nos sentáramos en un bar que había ahí cerca para tomar algo. Según lo planeado me pedí un zumo de piña, ya que soy menor (aunque cuando no están mis padres...), y les dije que iba a dar una vuelta rápida. Me acerqué a una tienda que vendía juguetes y (siguiendo el plan), compré una bolsa de canicas y un pequeño cubo. En el cubo eché el zumo. Después me acerqué a una papelería y compré papelillos y pegamento. Lo tenía todo, solo me faltaba montar el escenario. 

Dentro del zumo puse un poco de vinagre que había cogido del bar. Pegué los papelillos al cubo y después le volví a echar pegamento encima. Perfecto.

Me acerqué al payaso y, sigilosamente, solté las canicas cerca de sus pies y puse el cubo en el suelo. Justo como había previsto, el hombre se resbaló con las canicas y fue a parar al cubo. Se le quedó pegado al culo y cuando fue a levantarse, el zumo con el vinagre que había puesto, le mojaron todos los pantalones de manera que pareciera que se había hecho pis. La cosa fue incluso más graciosa cuando una niña pequeña le dijo a su madre:

- Mama, el culete del payaso está llorando.

La madre cogió a su hija de la mano y se la llevó. El payaso empezó a tirar del cubo para quitarse, pero con ninguna esperanza. El cubo estaba más que pegado y encima manchado del zumo. Y por si fuera poco, cuando una señora se le acercó para ayudarlo, se tuvo que separar a la fuerza tapándose la nariz, porque olía muy mal. Los efectos del vinagre son impresionantes.

Al escuchar el alboroto, mis padres acudieron y al ver lo que pasaba, supieron directamente que había sido yo. Me miraron con la misma cara que siempre ponen de enfado (que aburrido). Me echaron el mismo puro de siempre. Que si nunca iba a madurar, que si al final todo acabaría en mi contra, que si era una mala persona, que si me gustaban las desgracias de los demás... Y claro, aunque no les contestara, estaba claro que si. Me hacían mucha gracia las desgracias de los demás. No se si eso es malo o no (supongo que si), pero yo soy así. Además, todos nos hemos reido alguna vez de lo que le ha pasado a alguien (malo claro). Y si nunca lo has hecho pues mejor para ti.

Y bueno... Esta fue una de taaaaaantas historias que hice, pero claro... Si las contara todas ahora sería muy aburrido. Así que iré contándolo de poco en poco. Espero que os riáis mucho y decidáis ser como yo, porque un mundo sin bromas pesadas no sería nada.




jueves, 23 de diciembre de 2010

.Trixe y la Daga Mágica. 3

Capítulo 2




El olor a incienso perfumaba toda la sala y llegó a mi como una ardiente sensación a droga. Me paralizó totalmente e hizo que dejara de pensar. Era como sentir que una especie de fuerza te protegiera, te resguardara de todo. Y esa fuerza hizo que andara hacia algún extraño lugar en concreto. Un lugar que ni Trixe misma conocía. 

Se dejó llevar como las hojas movidas por el viento que las mece delicadamente. Sentía como si estuviera en medio de la nada. Como si ni ella misma existiera. Era una sensación extraña, pero gustosa. Hacía que olvidaras todo y que no te importara nada... Pero, como la mayoría de las cosas, todo tiene un fin. Notó como su alma volvía a su cuerpo y como sus pies tocaban tierra firme. La parálisis desaparecía poco a poco y podía mover bien los dedos de las manos. 

Abrió los ojos y no se creyó lo que veía. Aunque había notado el viaje más largo y eterno de la historia, no se había movido ni un centímetro. Estaba situada en el mismo lugar que hacía unos minutos y todo seguía igual que cuando había entrado. Comenzaba a sentirse confusa y mareada. Pensaba que todo aquello era un sueño o una ilusión. Un mundo en el que solo se podía pasar, dejandote llevar por el corazón.





lunes, 20 de diciembre de 2010

.Amor Ardiente 2.

                                                                          Capítulo 1




      Me desperté por la mañana. Miré hacia el lado donde, supuestamente, mi preciosidad estaba durmiendo. Y… si. Ahí estaba. Durmiendo plácida y tranquilamente y sonriendo como si estuviera soñando con los ángeles. Le miré. Sus labios, carnosos como ningunos, estaban un poco entreabiertos y podía escuchar su respiración claramente. Tuve que necesitar mucha fuerza para no volver a lanzarme a besarla y despertarla, así que seguí escrutándola detenidamente con la mirada. Sus pestañas eran tan largas como las princesas de los cuentos de hadas y su nariz parecía sacada de las películas. Era mi princesa… ¿Qué digo mi princesa? Mi reina. Mi adorable y magnífica reina. Durmiendo justamente al lado mía. Pasados unos cinco minutos, decidí levantarme. Me vestí, me peiné y me arreglé lo mejor posible solo para ella. Preparé el desayuno: Un café con leche y dos cucharadas de azúcar, junto a unas tostadas de aceite y sal. Con cuidado, dejé la comida sobre una mesa y subí las persianas de mi habitación. Ella se revolvió entre las sábanas y se tapó la cara con la almohada. Me acerqué y me senté en el borde de la gran cama azul. Me aproximé y le dije:
- Mi señora, le he preparado el desayuno, si le parece bien, me gustaría que su majestad me diese permiso para levantarla y llevarla en brazos hasta su comida.
Ladeó ligeramente la cabeza en signo de asentimiento y la trasladé hasta la mesa donde había dejado e desayuno. Se lo acerqué y con los ojos aun adormilados, comenzó a masticar y tragar. Al terminar le serví unas uvas, ya que son su fruta favorita. Ella las tomó con gusto y las comió una a una. En una de estas, un líquido comenzó a caer por s boca por culpa de la uva. Rápidamente me levanté y dije:
- Quiero lamer eso.
Sin embargo, cuando me disponía a hacerlo, detuve el impulso, me senté y fui a limpiárselo con una servilleta. Me paró la mano en seco y me contestó:
- No. Hazlo con tu lengua.
Ciertamente, lo que me acababa de pedir era un crimen para mí, pero la tentación era mayor en todos los sentidos. Nos pusimos cara a cara y, con las mismas, le lamí el pequeño líquido que se había quedado en su boca con la lengua. De nuevo, mi corazón comenzó a latir otra vez con rapidez y tenía ganas de volver a hacerlo. Nos miramos y en seguida lo supimos, estábamos deseando lo mismo. Después de todo, era algo que no se podía evitar. La levanté y la volví a llevar a nuestro cobijo de amor, la cama. Nos volvimos a mirar, pero esta vez de una forma mágica, parecía como si esos instantes fuesen eternos. Sus ojos verde olivo y los míos de un cenizo malva. Y de repente… pom pom pom. Llamaron a la puerta. Fui a ver quien era realmente enfadado por la inoportunidad de la persona que lo hubiera ocasionado. Abrí y en la puerta estaba un hombre de un metro noventa o más. Se hacía llamar Thomas, ah por cierto, yo soy Sergius y mi enamorada es Elinasia, pero prefiero llamarla Elena. Le pregunté el porqué de su visita, ya que no le conocía y no esperaba a ningún invitado en el día de hoy. Este, sin articular ni una mísera palabra, me apartó de la entrada y la cruzó metiéndose directamente en mi casa. Con los ojos de león y el cuerpo de gigante fue hacia donde se suponía debía estar Elena. De una patada, rompió la puerta de la habitación de ella y mirándola, la cogió del brazo y la arrastró hasta que yo me interpuse.
- ¿Qué es lo que has venido ha hacer aquí? ¿Planeas entrar sin mi permiso, romper lo que no es tuyo y después tratar de llevarte a mi querida?
Su rostro, incluso siendo yo hombre, debo de reconocer que era muy bello. Me estaba escrutando detenidamente con su mirada y en cuestión de dos minutos, dio a conocer su voz:
- Esta dama a la que haces llamar tú “querida”, no es nada más y nada menos que mi esposa. Y si estoy aquí sin ni si quiera darte un buen puñetazo, es porque de veras tengo mucha educación y evito meterme en problema. Además… esto ya ha pasado varias veces, por lo que consigo controlarme.
Mis oídos no daban crédito a lo que oían. Ese tal Thomas decía ser el esposo de Elinasia y yo no me había enterado de la verdad hasta ahora. Aquella mujer a la que tanto amo… esa a la que yo adoro… me había traicionado sin decirme siquiera que era esposa de otro macho. La miré a la cara en gesto de súplica, porque después de todo la amaba y la sigo amando y quería que se quedase a mi lado incluso después de casada. Le hubiese hasta suplicado para que se separara de aquel tipo y hubiera huido conmigo para poder ser felices juntos. Pero… lo que había en su rostro no era tristeza de separación, ni desesperación… No… Estaba totalmente feliz. Su cara emanaba un aura de gusto y superioridad como si hiciera estas cosas solo para que esto me doliera más. Su sonrisa picarona y sus ojos casi guiñados me provocaban un temblor alrededor de todo mi cuerpo. Había caído en su trampa. Era uno más de todos los que ella había engañado. Era como si en su frente se reflejara una palabra: Mentirosa.




domingo, 19 de diciembre de 2010

.Amor Ardiente 1.

 Prólogo


      Era de noche. La dejé con mucho cuidado sobre la cama y fui quitándole la ropa prenda por prenda. Su respiración entrecortada le daba un erotismo del punto más infernal posible. La lengua asomando por su pequeña y jugosa boca hacía que quisiera fundir la suya con la mía. Se dejó caer de espaldas contra el colchón y yo me coloqué encima. Mi éxtasis estaba en el nivel superior nunca antes visto con ninguna otra mujer. Su cuerpo era como una obra de arte de Picasso. Yo también estaba desnudo y a escasos centímetros de ella. Le susurré al oído y dio un gemido que hizo que mi erección creciera más de lo que ya estaba. No aguanté más. Metí mi miembro viril en su interior y unas deliciosas lágrimas brotaron de sus ojos. La besé con pasión e introduje con delicadeza mi lengua en su boca. Se enrojeció y yo sonreí. Le volví a besar y se agarró a mi espalda como si fuera a explotar de un momento a otro. Sus uñas arañaron mi piel, pero yo podía soportar cualquier cosa que proviniese de ella. De sus labios, fui directo a la oreja y se la mordisqueé. Mi elegante rosa gritó y yo le tapé la boca con mi enorme mano perfumada por el cigarrillo que me había fumado antes. Su cuello olía a violetas y no pude resistir la tentación de querer saborear tal aroma hipnotizante. La absorbí, las marcas de mis colmillos se le quedaron marcadas y unos diamantes de sangre menuditos se dieron a ver. Ella quiso soltar mi mano, pero se lo impedí con unas fantasiosas palabras:
- No sueltes mi mano, no la sueltes, porque yo estoy a tu lado. Si tu sueltas mi mano, yo desapareceré y si yo desaparezco, nunca más a tu lado estaré.
En ese momento, su palma se aferró con fuerza a la mía y me susurró:
- Si cuando estemos juntos, tu o yo... quien sea de los dos… si alguna vez sientes tristeza, solo toma mi mano hasta que esta desaparezca.
No pude evitar soltar una risita. Eso más bien debería haberlo dicho yo, pero no me importaba porque sabía que todo lo que decía era para aumentar mi euforia y atracción por su parte. La quería, la adoraba y no soportaba dejarla ir. Me aparté un poco intentando resistirme, pero me cogió y se acercó aun más y eso hizo que quisiera hacerla mía de nuevo. Nos tapé con la suave manta de lino negra y volví a entrar en su interior. Está vez ni lloró, ni se resistió. Sencillamente, me sonrió y me besó en la mejilla. Me lancé sobre su ser y sujeté sus pequeños y suaves pechos. Los acaricié como si fueran un tesoro que acababa de encontrar en una isla perdida en la que nadie había conseguido llegar aun. Nada más dar un pequeño y fantástico berrido, me aproximé sin salir de dentro de ella y coloqué mis labios sobre sus apacibles y cálidos pezones. Imparables y lujuriosos alaridos y chillidos hacían que no quisiera detenerme. Más, más y más. Quería estar así por y para siempre. Quería darle y hacerle sentir todo el amor que yo guardaba hacia mi bella dama. Hacer que se percatara de que estaba entre mis brazos y nunca la soltaría. Que notara que ahora me pertenecía. En esos momentos, era una mujer hecha y derecha. Una mujer en posesión de un hombre. Y no un hombre cualquiera, sino la persona que más la amaba en el mundo y que mataría por ella. ¡Ah! El cielo, ¡eso era el cielo!




martes, 14 de diciembre de 2010

.Trixe y la Daga Mágica. 2

Capítulo 1




El viaje fue más corto de lo que me esperaba. Llegamos rápidamente a la playa donde íbamos a pasar las vacaciones de verano. Hacía mucho calor y el agua estaba infectada de gente. En la orilla, muchos niños pequeños jugaban haciendo castillos y formas extrañas. Me atrajo mucho una cosa. Un faro. A lo lejos de la bahía, un faro de color verde y rojo se veía con dificultad. Estaba rodeado de niebla casi por completo (y eso que no era invierno). La llamada de mi hermano hizo que dejara mi atención de eso y la fijara en otra. La casa en la que nos íbamos a alojar estaba rodeada de tiendas y edificios en venta. Era color arena y no muy grande. Lo único bueno era la terraza. Desde ahí podía ver todo lo que pasaba alrededor y el faro se veía mejor.

Bajé las cosas del coche y las llevé a mi habitación. La iba a compartir con mis dos hermanos y eso si que iba a ser una pesadilla. Entre ronquidos y llamadas nocturnas me iban a dejar lista. A pesar de que negocié con mi madre la posibilidad de dormir en el salón, dijo que eso no estaba bien y que no podía ser.
Al desempaquetar y ordenar todo, salí fuera a darme una vuelta. Me puse mis patines favoritos, esos negros y viejos que tanto me gustan, y me fui. Estuve dando vueltas durante un buen rato hasta que encontré una tienda de ambiente indú. Me acerqué a la entrada. "Memorex". Que nombre más extraño para una tienda, pero sentí que algo me llamaba a entrar dentro, así que... entré.





sábado, 11 de diciembre de 2010

.Trixe y la Daga Mágica. 1

Prólogo




Una vida normal. Una familia compuesta por mis padres, mis dos hermanos, mis tíos, mis primos, mis abuelos... Por las mañanas instituto, por las tardes Conservatorio. Nada raro.
Un día, escuché a mis padres hablar solos en la cama.

- ¿Han encontrado el sitio ya?
- Mi hermana aun está investigando la ubicación exacta, pero cree más o menos saber el sitio.

Noté como a mi madre le vibraba la voz al hablar de mi tía. Ella siempre había sido una persona muy seria y rígida. Tenía una familia bastantes grande: Un marido y cuatro hijos. Mis primos y yo no nos llevábamos demasiado bien y por lo tanto no solíamos hablar casi nunca, pero eso no era ningún problema para mi.

- ¿Se ha asegurado de que no la siguiera nadie? ¿Dondé esta ese lugar?
- Según ella, no ha visto nada sospechoso y tampoco a notado que la siguieran en ningún momento. El lugar está bastante cerca de aquí. En una playa a unos 48 kilómetros de nuestra casa. Se llama Nineland.
- Una playa con nombre de parque de atracciones... Las cosas cada vez se vuelven más raras.
- Y más complicadas. ¿Qué haremos con los niños cuando tengamos que ir allá?
- Les podemos decir que es un viaje familiar y que no pueden negarse. No creo que sea seguro dejarlos aquí. No quiero que les pase nada.
- Estoy de acuerdo, además... Estamos en verano y como es una playa es la excusa perfecta. Mañana mismo haré que hagan sus maletas.
- ¿Y qué haremos si se entera alguno de esto?
- Si alguno se entera tendremos que hacer que nos ayude. No veo otra alternativa. Solo espero que Trixe sea la única que no lo sepa. Ella es la más implicada y no quiero que mi única hija se vea envuelta en un mundo tan terrorífico.
- Sea como sea... Al final tendrá que saberlo. Si es como nosotros creemos que es, se adaptará a lo que tenga que pasar. 
- Le rogaré a Dios que nada de esto llegue a límites extremos.
- Y yo también cariño... Y yo también...

Al principio no entendí de que estaban hablando, pero supe que era algo que cambiaría mi vida para siempre. Di la vuelta y me fui a mi cuarto, donde me acosté en la cama y me quedé profundamente dormida.





viernes, 10 de diciembre de 2010

.La Princesa del Fuego 1.

Prólogo




Vulcanus es el reino del magma, del calor, es el reino del fuego. Los reyes son Estrella y Meteoro, gobernantes de todo Vulcanus.


A pesar de que la reina era estéril, el Dios del Fuego (Hefesto) les bendeció con una adorable y resplandeciente hija, Sol. Sol era extrovertida y alegre. Según los rumores, era la propia hija de Hefesto y, por lo tanto, debía tener los mismos poderes, inteligencia y fuerza que él. Estrella y Meteoro estuvieron toda su vida agradecidos por el milagro que Dios les había otorgado y cuidaron de la pequeña con mucho amor y cariño.


Desde un principio, las manifestaciones de los poderes de Sol demostraban su habilidad y destreza para controlar todo lo relativo con las cosas calientes. Pero un día, la niña desapareció. Sus padres mandaron a todo el mundo que la buscara, pero no la encontraron. El Dios del Fuego, enfadado, dio a saber que si no aparecía ese mismo día destruiría el reino y no dejaría vida alguna. Estrella y Meteoro desesperados, comenzaron a llorar pensando que todo había acabado. De repente, uno de los guardianes vino corriendo anunciando que la pequeña había aparecido. Ellos se levantaron corriendo y fueron a su regreso. La abrazaron con fuerza y le dieron muchos besos. Estaban muy felices de que hubiera regresado, pero... notaron algo raro. Al separarse de ella, observaron que su dulce sonrisa había desaparecido y que sus ojos se habían vuelto del color del hielo. Comenzaron a preguntarle donde había estado y que le había pasado, pero Sol no volvió a hablar a partir de entonces.